martes, 13 de octubre de 2026

Solo hay ahora. Ahora.

 

Solo hay ahora. Ahora.

– Un relato sobre la grabación de La Bola Negra en la España vaciada –

I.               El casting

El 30 de agosto de 2025 yo había ido al Festival Gigante, a Guadalajara, de hecho, había visto por primera vez en concierto a Sanguijuelas del Guadiana, que empezaban a sonar y abrieron el sábado de festival bajo el sol de verano y con un reducido público entre el que nos encontrábamos Elisa y yo.

En Sigüenza se había estado anunciando que, durante ese fin de semana, el último de agosto, iba a haber un casting para buscar figurantes para la próxima película de “Los Javis”, Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores bastante nóveles pero que empezaban a despuntar y cuyo trabajo era seguido, sobre todo, por personas que tenían en común ser de mente abierta.

Se decía que estaban grabando una película sobre Lorca y que buscaban fundamentalmente chicos que pudieran hacer de soldados. Para captar al sector más joven de los vecinos de Sigüenza, los castings se habían programado en diferentes bares del municipio a distintas horas, el último, en el Pub Nerea, ya entrada la madrugada del sábado al domingo.

Al volver del festival, Elisa y yo, como solíamos hacer tras los “fui-vuis” musicales, nos pasamos por La Senda, la zona de los bares, y al entrar al Nerea nos encontramos a unas amigas hablando con dos desconocidos, Carlos y Malena, que en una mesa del bar charlaban animadamente con nuestras amigas mientras trataban de convencer a chicos para que rellenaran el formulario correspondiente y se dejaran grabar un pequeño video para ser considerados para la figuración de la película.

La tarea no era fácil, la temática homosexual en un pueblo en el que entre la gente joven todavía hay grupos en los que se respira la ranciedad de tiempos pasados, importa el qué dirán y se veneran ideas fascistas, no era el entorno propicio para que Carlos y Malena pudieran hacer su trabajo. Hoy me pregunto cuántos de aquellos chicos que no quisieron participar se habrán arrepentido al conocer el éxito de la película y si, al verla, alguno de sus “principios” habrá, por fin, comenzado a desmoronarse. Ojalá incluso alguno haya decidido salir del armario o simplemente haya entendido el valor de amar libremente. Igual eso es mucho pedir…

El hecho es que Elisa y yo conocemos a mucha gente, a veces no tenemos la suficiente vergüenza como para no involucrarnos y, por encima de todo, nos gusta ayudar. Así que decidimos que el trabajo de Carlos y Malena era nuestra causa aquella noche y comenzamos a participar activamente en el reclutamiento de los futuros soldados.

Al ver que nos implicábamos, algunos de nuestros amigos y conocidos se dejaron arrastrar por nosotras a aquella aventura de hacer un casting para una película en medio de una noche de fiesta. Y el efecto llamada para unos y la curiosidad para otros hizo el resto. Nos convertimos en las asistentes de Carlos y Malena, explicando el formulario y hasta proporcionando luz con nuestros móviles en la oscuridad de los callejones aledaños para que los vídeos de los muchachos quedaran grabados.

Los responsables del casting de aquella noche pasaron una velada divertida, en la que también hubo tiempo de bailar alguno de los temazos del verano y compartir confidencias. Cuando las primeras luces del día comenzaron a anunciar que la noche llegaba a su fin, Carlos nos dijo que no necesitaban apenas mujeres para la figuración de Sigüenza pero que con todo lo que habíamos ayudado, si nos apetecía participar, enviáramos al día siguiente nosotras el formulario cumplimentado y mandáramos un video a una dirección de email. Yo enseguida le dije que tenía una hermana gemela y así fue como metí a Paula en esta aventura. Me dijo que esperaba el vídeo y vernos en pantalla.

Cuando a la mañana siguiente –realmente sería más bien la hora de comer– le conté a Paula todo, ella no dudó –nunca lo hace– en seguirme hasta el fin del mundo y, aquella tarde, en el jardín de su casa, sin maquillaje y con sueño acumulado, pensamos un mini guion del vídeo siguiendo las indicaciones de Carlos, lo grabamos del tirón y lo mandamos junto con los formularios. Carlos nos contestó a pesar de ser domingo por la tarde y de que tendría más sueño que yo, pues él había estado por la mañana en Jadraque haciendo más castings para conseguir figuración para Sigüenza. Nos pidió que grabáramos otro video en modo selfie, de primer plano de las caras, y, también a la primera, grabamos juntas el segundo video que acabó llevándonos a hacer una prueba de vestuario, maquillaje y peluquería en Leganés la primera semana de octubre.

 

II.            La prueba

El lunes 6 de octubre a primera hora de la tarde nos plantamos Paula y yo en el lugar que nos indicaron del municipio del sudoeste de Madrid y nos dejamos hacer y deshacer, vestir y cambiar hasta que dieron con nuestro look para lo que serían TMP 202 y TMP 203, que eran nuestros códigos del papel que íbamos a representar como figurantes.

TMP eran las siglas de Teatro Mujer Prostituta, nos lo desvelaron nada más entrar en aquella nave abarrotada de prendas, pelucas y atrezzo, y ambas nos reímos a carcajadas. —¿No sabíais que ibais a ser prostitutas? —dijo la chica que nos tomaba las medidas y nos asignaba una bolsa grande en la que al final de aquella tarde acabaría estando nuestro atuendo para el rodaje.

Allí conocimos a un montón de trabajadores amabilísimos y simpáticos: dos maquilladoras, Clara y Ángela, un peluquero que acabó decidiendo que nuestra melena era ingobernable y que llevaríamos pelucas de nuestro color, a un montón de gente de vestuario entre la que estaban Luis y un chico majísimo que se esforzó mucho por encontrar prendas acertadas y que, al darse cuenta de que éramos gemelas, decidió que iríamos antagónicas. Estaban fascinados creando una imagen que fuera opuesta, una toda en negro, Paula, y otra en blanco, yo. Ambas con el maquillaje muy similar y el pelo ondulado y del mismo largo, por debajo de las orejas.

Vaya shock ver el resultado de lo que estuvieron tres horas construyendo. Nos hicieron fotos, algunas con soldados que estaban haciendo por allí su prueba de vestuario para ver cómo quedábamos juntos en imagen… Quitaron guantes o un collar exagerado de aquí, pusieron un cinturón por allá, último cambio de zapatos y ¡listo!

Recuerdo la sensación que teníamos al salir de allí aquella tarde, tras conocer ese mundo, ver la creatividad desbordante de las personas y cómo tenían clara la idea de la imagen que iba a hacer que encajaran en un puzle ambientado en un teatro de 1937 esas dos hermanas gemelas que hacía unas horas habían salido de sus respectivos trabajos en una universidad pública y en una empresa internacional, para acabar convirtiéndose en lo que finalmente no serían prostitutas sino trabajadoras de un teatro santanderino durante la Guerra Civil Española.

 

III.          La fábrica de personajes

Llegó el primer día de rodaje, el jueves 9 de octubre, Pau y yo, que habíamos pedido teletrabajar esos días, apagamos el ordenador y salimos pitando de nuestras respectivas casas para llegar a la finca, a la entrada de Sigüenza, en la que habían montado el set para transformar a cientos de figurantes. Un hervidero de soldados y mujeres de época se movía de un lado a otro, parecía que de forma caótica, pero la realidad es que había una buena organización y muchas personas empeñadas en que aquello saliera adelante. Como si de una cadena de producción de personajes se tratase, una vez firmado el contrato, cada quién pasaba de vestuario a maquillaje y de allí a peluquería o viceversa, según la disponibilidad de silla y manos de los incansables trabajadores en las diferentes secciones.

Para poder compaginarlo con nuestro trabajo, habíamos pedido si podíamos entrar a las 17:45, bastante más tarde que el resto de compañeros. Había tanta gente a la que preparar cada día que aceptaron y, entonces, aquellos días nosotras dos éramos más o menos de las últimas, pero hasta que llegábamos no habían parado de atender y caracterizar a gente. Agradecimos el favor que nos permitió vivir la experiencia y durante esos días hicimos jornada doble de trabajo: la de nuestro trabajo habitual, en el que habíamos pedido permiso para pluriemplearnos, y la del trabajo de extras que nos ocupaba la tarde-noche e incluso la madrugada alguno de los días.

Yo grabé los tres días que se rodaron en Sigüenza con figurantes y Paula dos porque en medio tenía un viaje de trabajo a Berlín, de esos que hace ella y que consisten en ir y volver en el día, pero que le impedía llegar a tiempo al rodaje. Lo avisó cuando nos contrataron y le dijeron que no había problema. Aquel día que faltó, todo el mundo me preguntó por ella.

Por otro lado, yo, que siempre tengo entradas para conciertos en mi haber, tuve que vender la que tenía para ver a Ultraligera en la Riviera el 14 de octubre porque coincidía con el último día de grabación de la película. Aunque pude verlos en la mítica sala madrileña una semana después de lo previsto, porque la fortuna quiso que sustituyera a mi prima Bárbara en la tarea que venía desempeñando y que consistía en hacer caretas blancas para el público de los conciertos y le permitía quedarse luego al show. Así fue como se alinearon los astros y pude volver a ver en directo a la banda que mi amiga Ana me había descubierto ocho meses antes, cuando aún eran unos auténticos desconocidos.

Volviendo al momento y lugar en el que nos convertían en personajes, a los chicos, la mayoría soldados, aunque también había músicos y otros trabajadores del teatro, los aviaban rápido, pero para apañar a las mujeres el reto requería unas dos horas por cada una, para salir de allí que, literalmente, no te reconocía ni tu madre. Y así sucedió el segundo día, cuando yo les indiqué a mis padres en qué zona de Sigüenza debían dar su paseo de tarde por si teníamos oportunidad de cruzarnos. Cuando una chica de pelo ondulado corto, en enaguas blancas, con prenda de ganchillo –una especie de bolero o torerilla– sin mangas encima, medias cubriendo las espinillas y una liga asomando por el muslo saludó a su madre aquella tarde, se demostró que la caracterización era tal que estaba a prueba hasta de los lazos sanguíneos más férreos. Irreconocible. Parecía recién salida de una máquina del tiempo de casi 80 años de lapso. Mis padres y otros conocidos que pasaron por allí y a los que saludé olvidándome de que Clara estaba escondida tras TMP 202 se quedaron boquiabiertos.

En la prueba de vestuario, Luis, al que he vuelto a ver un par de veces por el barrio en Madrid, me había hecho un atillo con un lazo de tela que usó a modo de cinturón y que servía para ceñirme y acortarme la enagua que llevaba por vestido y darle un toque al look. El primer día, mientras me ayudaban a vestirme, me dijeron que buscara a Luis para que me hiciera el nudo, pero yo, que me había fijado cómo lo había hecho él, me lo hice yo misma y me acerqué para mostrárselo pensando en ahorrarle aquel trabajo durante los siguientes dos días. Pasé la prueba y ya no tuve que estar buscándole ni molestándole para conseguir replicar el outfit los días siguientes.

Una vez estabas listo, cosa que, como ya he dicho, se demoraba bastante más en el caso de las mujeres, a algunos les daban unos toques de talco para eliminar brillos de sus trajes y a todos nos proporcionaban una mantita gris, elemento imprescindible para las largas y frías noches que nos esperaban en Sigüenza, lugar en el que precisamente el frio se tiene por bandera y es motivo hasta casi de orgullo entre las gentes.

Dejando atrás la persona de 2025 que hacía unas horas entraba por la puerta, con sus pircings, cazadora de cuero, vaqueros o atuendo correspondiente y todos los enseres personales incluidos el teléfono móvil, ya solo quedaba coger el autocar que no cesaba de hacer viajes para llevar a los figurantes hasta el lugar del rodaje, al final del Paseo de La Alameda.

 

IV.          El rodaje. Parte I “Batallón de modistillas”

El uso del móvil estaba prohibido y era totalmente incompatible con el look años 30 sin bolsillos, así que todas aquellas horas de grabación permanecimos incomunicados y a la vez 100 % presentes y viviendo, casi exprimiendo, aquella experiencia intensa, efímera y divertida. No atesoro fotografías del rodaje, pero los recuerdos son muy vivos y, ahora que casi un año después la película se ha estrenado, se reavivan las imágenes mentales y la sensación de haber vivido algo que recordaré con mucho cariño siempre.

El hecho es que al final de aquella tarde, por fin, llegamos a la zona donde se encuentra el antiguo cine abandonado. Allí, en las inmediaciones, habían instalado unas carpas con mesas corridas y una empresa de catering se encargaba de repartir baberos y cena a toda la figuración. La mayoría eran chicos jóvenes vestidos de verde, su personaje era soldados del bando nacional que iban a presenciar un espectáculo en un teatro cántabro durante la Guerra Civil Española. Había también algunos hombres vestidos de militares de mayor rango, falangistas, trabajadores del teatro… Entre las mujeres había tres grupos; las mujeres del pueblo, que son las que seguramente más frio pasaron porque rodaron en la puerta del lateral del antiguo cine durante toda aquella noche, y las trabajadoras del teatro entre las que se distinguían dos sectores: las que ejercimos como yo de camareras y cigarreras, y otras, las trabajadoras que iban más elegantes que supervisaban nuestro trabajo en el patio de butacas e intervenían cuando se formaba gresca. Paula era de este último grupo.

Ella, que es más sociable que yo, ya había entablado conversación cuando me uní a aquella temprana cena durante la que conocimos a varios de los jóvenes soldados. La mayoría habían venido en el autobús organizado por producción desde Madrid tras apuntarse a los castings en un campus de una universidad de la capital. Castilla no había proporcionado suficientes soldados a los Javis que tuvieron que optar por completar el pelotón importando, a la España de provincias, jóvenes con ganas de ganarse un dinerillo y vivir una experiencia inolvidable. Alguno de ellos seguro acabaría siendo un gran actor.

Las chicas, tanto las que nos conocíamos de Sigüenza –entre las que estaban Nieves, Casilda, Lorena, Gema, Esperanza...– como las de otros lugares, enseguida nos unimos bastante y de hecho conservamos un grupo de WhatsApp en el que hemos ido comentando nuestras ganas de ver la película tras el rodaje y las apreciaciones y alabanzas una vez el largometraje ha sido estrenado.

Entre bocado y bocado, unas y otros fuimos comentando lo que habíamos ido escuchando: han sacado camiones y camiones de escombro y excremento de paloma del antiguo Cine Capitol para reconvertirlo en un teatro franquista. El protagonista es el cantante Guitarricadelafuente, que debuta como actor. Los Javis han estado entrenando en uno de los gimnasios locales. Se dice que la actriz es Penélope Cruz…

Y así, llegó por fin el momento de entrar dentro del antiguo edificio y comprobar todo aquello con nuestros propios ojos. Según nos vio, Javier Ambrossi se quedó mirándonos a Pau y a mí y dijo: «¡Fantásticas!». Poco después, el jefe de los peluqueros, Pablo, se acercó antes de que empezáramos a grabar, a despeinarnos y a indicar a las maquiladoras que nos “corrieran” un poco el maquillaje, pues la escena que íbamos a grabar el primer día iba temporalmente detrás de las que grabaríamos los siguientes y, por tanto, debía parecer que era ya el final de la noche en el teatro en el que supuestamente trabajábamos.

Nos explicaron nuestro cometido, el mío aquella noche era portar una caja-bandeja de madera y, junto con Lorena, vender tabaco a los soldados, intercambiar las cajetillas de cigarrillos y de cerrillas con los billetes que ellos tenían. Después, con cada “corten” deshacíamos el intercambio para estar preparadas para la siguiente toma en la que volvíamos a recorrer las mismas filas del patio de butacas.

Mientras tanto un número musical comenzaba con la impactante entrada de un tanque por la parte lateral trasera del teatro, repleto de bailarinas vestidas de legionarias y capitaneadas por una mujer de peluca rubia que entonaba la canción “Batallón de modistillas”, que, tras los ensayos con una doble y justo en el momento de grabar la primera toma, resultó ser la mismísima Penélope Cruz.

Entre los ensayos con la doble y las distintas tomas grabadas con Penélope, entre las cuales se cambian cámaras de posición y todas esas cosas técnicas que hacen que luego esos segundos de película sean sublimes, había parones en los que siempre se acercaba alguien del equipo a darnos una manta o agua. Perdimos la noción del tiempo y todos aquellos segundos parecían grabarse en la memoria a cámara lenta permitiéndonos apreciar, comprobar in situ, que no hay una actriz en el mundo mejor que Penélope Cruz.

Me fijé en una mujer vestida con lentejuelas un poco estilo charlestón años 20, que estaba con otras dos o tres mujeres que no eran parte de la figuración como nosotras, pero también representaban el papel de trabajadoras del teatro. Ella también vendía cigarros a los soldados. En un momento de la noche coincidimos en el pasillo central e intercambiamos unas palabras. Pensé: «¡Qué agradable!». Después me enteré que era la madre de Javier Ambrossi.

Cuando va avanzando la noche, aprovecho los momentos de parón entre tomas para descolgarme del cuello la bandeja de madera repleta de cajetillas de tabaco y los paso con ella apoyada en uno de los respaldos de una silla del patio de butacas, donde luego, en la toma, arranco a andar entre soldados. Pues estando así, se acercó Guitarrica por el pasillo y se paró junto a mí a preguntarme con verdadera curiosidad si pesaba mucho la caja-bandeja de madera y a observar lo bien que el departamento de arte había hecho todo lo que en ella llevaba. En el momento pienso que es amable y, sobre todo, da la sensación de desbordar inquietud, de querer absorberlo todo. En cierta manera parece un niño curioso, pero a la vez asustado y muy delicado. Yo, por supuesto, no le digo que me gusta su música y que le he visto en concierto, por ejemplo, aquella tarde de julio de 2022 en el escenario principal del Mad Cool.

No es fácil pasar entre las estrechas filas de soldados con la bandeja de madera repleta de cajetillas mientras Lorena me precede repartiéndolas y “cobrándolas”, menos aún cuando llega el momento de la escena en el que todos los jóvenes se levantan y, jaleando, se mueven hacia el lugar por el que despliega su desparpajo Nené Romero, el personaje que interpreta Penélope Cruz.

La escena se repite varias veces, aunque yo diría que es para captarla desde diferentes ángulos, pues ella, y su corte de bailarinas, está perfecta; movimientos milimétricamente coreografiados que no por ello dejan de parecer absolutamente naturales y espontáneos.

En un momento dado, uno de los soldados del gallinero nos pide una cajetilla de tabaco, acertamos a lanzársela a la primera, lástima que el logro no quede grabado porque verdaderamente parecía ensayado. En mi prudencia le digo a Lorena que es mejor no arriesgarnos a repetirlo, vaya a ser que la siguiente vez no tengamos tanta fortuna y le caiga a alguien en la cabeza, lo cual no sería agradable contando con que el atrezzo estaba hecho de listones, bueno prismas, de madera envueltos en el cartón que simulaba a la perfección ser cajetilla de cigarrillos de la época.

Terminamos de grabar a altas horas y, al salir del teatro, unas mesas con bocatas calientes y bebidas nos esperaban para reponer fuerzas y entrar en calor antes de subirnos al autobús para volver a la finca en la que de manera mucho más ágil que aquel inicio de tarde y a la inversa, desharíamos a nuestros personajes y volveríamos, a casa unos y a Madrid en autobús la mayoría, para reposar lo vivido unas poquitas horas antes de volver al trabajo. En mi caso, cuando conseguí deshacerme de los restos de pegamento de la peluca y del intenso maquillaje, vi que el despertador sonaría en poco más de tres horas. El hecho no desdibujó mi sonrisa.

En el lugar en el que estaba todo el set de maquillaje, vestuario y peluquería, un montón de trabajadores esperaba a que los cientos de figurantes regresáramos del rodaje por lo que sus horas de trabajo se alargaban infinitamente. Allí nos ayudaban a quitarnos pelucas, desvestirnos y guardar todo para el día siguiente. Dos chicas de vestuario marcaban si se había descosido o roto alguna prensa para tenerla arreglada para la siguiente jornada. Algunos de los trabajadores se volvían a Madrid con los figurantes o en furgonetas de producción, otros habían tenido la fortuna de permanecer alojados en Sigüenza o alguno de los pequeños pueblos cercanos. Todos estaban maravillados con la belleza de la ciudad medieval castellana que había acogido el rodaje con los brazos abiertos.

 

V.            El rodaje. Parte II “Las tardes del Ritz”

Los siguientes días de grabación fueron el lunes 13 y el martes 14 de octubre. El martes, antes de grabar, perdí a Paula en aquel lugar “de producción de figurantes”. Su creación de look tardó más de la cuenta y el autobús en el que nos fuimos al lugar de rodaje partió sin ella. Llegaría en uno mucho después cuando yo ya había comenzado a inquietarme porque tardara tanto y había empezado a atesorar las pequeñas anécdotas que se había perdido y que tenía que comentarle más tarde: ha pasado Guitarrica, dicen que hoy entran primero solo los soldados, que las chicas nos quedamos fuera esperando a entrar… Cuando Pau apareció resultó que había habido una complicación de casi dos horas con su peluca. Esta anécdota es solo una de las muchas que ilustran que la perfección era el objetivo de todos los trabajadores involucrados en la película.

Tanto es así que el segundo día entre mi vestuario había desaparecido una liga azul que yo había llevado en el muslo derecho durante el primer día de rodaje y no pararon hasta encontrarla. Resulta que la habían sacado de la bolsa de mi atuendo de trabajadora del teatro y la habían utilizado para algo aquella mañana. Unos y otros hablando por Walkie Talkie se fueron preguntando y nadie cesó en su empeño hasta que no localizaron que la tenía alguien en el antiguo cine abandonado en el que grabábamos y, hasta que justo segundos antes de grabar la primera escena aquel día me la dieron para que luciera exactamente igual y no hubiera ningún tipo de fallo de continuidad.

Tanto el lunes como el martes, mi compañera fue Gema y nuestra labor consistía en rellenar los vasos y copas de los soldados o repartirles vasos nuevos de whisky; realmente era Nestea o mosto, según el momento, y las botellas de cristal las rellenábamos nosotras mismas entre toma y toma entre bambalinas y con un embudo. Las primeras veces lo hacía personal del equipo técnico, pero pronto tomamos la iniciativa y les ahorramos el trabajo. Todas las veces que pasamos por aquella zona del antiguo rellano principal del Cine Capitol que permanecía ajena a las cámaras y repleta de trabajadores del mundo del cine que hacían que todo aquello funcionara, descubríamos algún entresijo del rodaje: una chica se pasó todas aquellas noches liando cigarrillos para que muchos de los soldados y algunas de las mujeres del público del abarrotado teatro los consumieran en los momentos en los que se gritaba: «motor», «acción». En otro momento oímos a Javier Calvo decirle a una señora llamada Olga, que parecía hacer el papel de la encargada o dueña del teatro, que se le había ocurrido que le dijera una frase a Penélope, solo su voz a través de una puerta llamándola. Cuando un año después vi la película, al oír la frase recordé la anécdota y cómo Olga aceptó aquel guante tendido por Javier Calvo delante de mis narices. Resulta que Olga era Olga María Ramos, la hija de una famosa cupletista que fue inspiración para los Javis en la creación del personaje interpretado por Penélope y que había estado ayudando a la actriz madrileña a preparar su actuación como Nené Romero. También recuerdo cuando uno de los jóvenes asistentes de producción se nos acercó extasiado tras la grabación del número de “Las tardes del Ritz” y dijo: —Están visionando el resultado, se habla de Goya. Si hubiera sabido entonces todos los premios cosechados ya por la película y eso que aún quedan meses para los Goya y para los Óscar en los que no hay duda de que el film hará historia...

Tras rellenar las botellas, Gema y yo, nos preparábamos para salir a escena desde las cortinas de la parte trasera del teatro una vez habían sonado los primeros compases de la canción que se correspondía con el número de “La Epiléptica” que estaba teniendo lugar sobre el escenario. Una vez se cortaba recogíamos los vasos que habíamos repartido entre las filas del patio de butacas para tenerlos en nuestro poder y deshacíamos lo andado para volver a estar preparadas y tratar de reproducirlo al grabar lo mismo en la siguiente toma.

Según fue avanzando la noche, el frio se intensificó y todos, incluso los Javis, estaban pendientes de que, sobre todo las que más ligeras de ropa íbamos, no pasáramos frio. En cada “corten” un montón de amables asistentes de producción entraban a ponernos las mantas sobre los hombros. A los pocos minutos, nos las volvían a recoger junto con los restos de botellas de agua que también ponían a nuestra disposición. Se aseguraban que no quedara en plano nada que no perteneciera a aquella ficción, una función de teatro para soldados en una noche de 1937.

El último día, hubo un parón más largo en mitad de la noche en el que tuvimos que esperar fuera del teatro, creo recordar que porque estaban moviendo una de las grúas de cámara. Entonces se acercó Genoveva, que me había maquillado uno de los días y con la que había entablado buena conversación después de que ella alabara las largas pestañas herencia paterna y lo curioso de la heterocromía de mis ojos. Equipada con su maleta de maquilladora vino a retocarme y, cuando yo se lo agradecí y alabé su trabajo, una vez más tuvo palabras amables, en esta ocasión hacia la forma de mis labios que en este caso es herencia de la abuela Lili. ¡Qué maravilla coincidir con gente que, además de con profesionalidad, hace su trabajo con cariño y amabilidad!

Volvemos a entrar y veo que Paula intercepta a Javier Amborssi, ya me había dicho que le iba a decir algo. Miro expectante. Pau tiene los ojos brillantes y esa sonrisa que hacen que Ambrossi no dude en pararse a escucharla, ella le suelta del tirón: —Perdona, ¿tienes un segundo? —no espera a que él conteste, ve que él se para y ella prosigue— Quería daros las gracias por vuestra sensibilidad por la visibilidad y por venir a rodar a la España vaciada. A él se le humedecen los ojos y acierta a decir un emocionado “Gracias”. Siempre estoy orgullosa de mi hermana, pero aquella actuación fue absolutamente estelar.

De aquella noche también recuerdo la admiración que sentí al ver a Penélope interpretando “Las tardes del Ritz”, cuando se desmadeja en los brazos de su compañero de escenario y la cara al girarse hacia el público antes de su famosa frase “¿hay alguien por aquí de Madrid?” ¡Qué privilegio haberlo vivido y qué sensación verlo en el Renoir en pantalla grande rodeada de la familia! Lo de menos casi es reconocerse entre lo que queda en segundo plano de esas dinámicas secuencias. Aunque es precioso sentir que eres parte, aunque sea ínfimamente, más aún con lo bonita, necesaria y bien contada que les ha salido a los Javis La Bola Negra.

Ya entrada la madrugada, cuando dieron por buena la última toma que se rodaba en Sigüenza, Penélope, desde el escenario, nos dedicó a todos unas palabras que entendimos mejor muchos meses después cuando desveló que nada más llegar al rodaje a Sigüenza había recibido una llamada de su médico sobre una posible pequeña aneurisma cerebral y que la semana siguiente debía someterse a una prueba para confirmar o descartar semejante diagnóstico. Ella, que no puede ser más profesional ni mejor actriz, viendo que la prueba no podía adelantarse preguntó al doctor si podía hacer ejercicio aeróbico, pues los números de Nené así lo requerían y era lo que se grabaría aquellas noches. Le dieron el ok y rodó aquellas tres noches con la agonía metida en el cuerpo. Aquella última noche Penélope dijo: —Para mí era difícil lo que tenía que hacer y quiero agradeceros a todos la atmósfera que habéis creado porque es lo que me ha permitido hacer mi trabajo. Todos aplaudimos. También, por supuesto, a los Javis que con amplia sonrisa se sumaron a los agradecimientos.

 

VI.          The end

Al terminar el rodaje la sensación fue muy parecida a la que sentí cuando se encendieron las luces del cine después de ver la película la primera vez, de vacío, pero también de estar inundada por la belleza y la emoción.

Qué alegría haberme lanzado a esta y a todas las aventuras de la vida, pues, como dice la peli: Solo hay ahora. Ahora.

viernes, 20 de diciembre de 2024

18 Dic 2023 (Día ocho) - Cuaderno de bitácora y video-diario antártico

La noche ha sido, sin duda, la de mayor movimiento del barco. 

Nos hemos despertado a las 7:30, sin mensaje desde el puente (o se han dormido o van abandonando las rutinas porque total, para lo que queda…).

Desayunamos. Somos muy pocos en el desayuno, imagino que debido al fuerte movimiento y a la falta de anuncio por megafonía. 

Después, tardo casi media hora en recoger mis cosas y hacer la maleta. Nos quedan 24 horas en el barco. 

A las 9:00 estoy sentada en los sofás del Living Room, escribiendo estas letras. Nos encontramos en el último tramo del Pasaje de Drake. Aunque por primera vez en el viaje Google Maps no nos ubica. 

Nuestras coordenadas son 55° 47,45’ S y 66° 00,62’ W. Pronto avistaremos tierra.

Pasadas las 10, el Cabo de Hornos ya ha aparecido ante nuestros ojos. 

A las 10:30 pasamos por administración a pagar (20€ cada una de Pau y míos, por las dos tarjetas de Internet de 500 MB que hemos usado durante la travesía). Después subimos a la cubierta superior a dar un paseo, por hacer un poco de ejercicio, que nos hace falta. Y antes de comer recogemos nuestros pasaportes en administración donde nos lo sellan con el sello del MV Ushuaia, que también pido que me estampen en la portada de este cuaderno que he usado para hacer el diario de bitácora de la expedición que ya tiende a su final. 

Por la tarde (a las 14:00), trivial y concurso de chistes. Al trivial jugamos con los que nos encontramos sentados en ese momento. En nuestro caso con Bárbara una señora mayor que está bastante “loki” y una pareja de jubilados muy amables. Creemos que todos ellos estadounidenses. Conseguimos una digna puntuación de ocho de once aciertos.

Justo antes del meeting de las 16:00 vemos delfines, un grupo de unos seis, que se acercan mucho al barco. Más tarde (16:00), Martín nos muestra un vídeo resumen que ha confeccionado con fotos que ha ido haciendo durante el viaje y otro vídeo que muestra a todos los miembros de la tripulación del Ushuaia. 
Después nos damos una ducha y nos preparamos para la ceremonia de entrega de los certificados antárticos. Sergio, el capitán, nos recibe y nos fotografiamos por camarotes con él exhibiendo los papeles que acreditan nuestro paso por la Antártida. Nos entregan un pendrive con fotos y documentos del viaje que los guías han preparado. Y brindamos con champán.

El barco hace horas que se encuentra parado frente al Cabo de Hornos, haciendo tiempo para emprender el camino por el Canal Beagle y llegar a Ushuaia a las dos de la madrugada, que es cuando se ha concertado el amarre del Ushuaia en el puerto de la ciudad que le da nombre.

A las 19:30 cena de despedida. 

A las 20:45 comienza a atardecer. 

El barco continúa parado. 

Las vistas de la estribación sur de la cordillera andina desde el Cabo de Hornos con la luz del atardecer es otra de esas imágenes bellas que ya nos hemos malacostumbrado a que estimulen nuestra retina. ¡Qué bonita toda la naturaleza que hemos visto en este viaje!


Video "El barco se mueve"

Video-diario 18 Dic

Video "Cabo de Hornos"


Epílogo al cuaderno de bitácora y video-diario antártico

Entre las cosas que Ernest Shackleton dijo de su viaje al Polo Sur están las siguientes: 

“Parecía prometerme a mí mismo que algún día iría a la región de hielo y nieve y seguiría y seguiría hasta llegar a uno de los polos de la tierra, el extremo del eje sobre el que gira esta gran bola redonda.”

“Uno siente “la escasez de palabras humanas, la aspereza del habla mortal” al tratar de describir las cosas intangibles, pero un registro de nuestros viajes estaría incompleto sin una referencia a un tema muy cercano a nuestros corazones.”

“Creo que está en nuestra naturaleza explorar, llegar a lo desconocido. El único verdadero fracaso sería no explorar en absoluto.”

Si has llegado hasta aquí, gracias. El resultado de una promesa cumplida se convirtió en una de las mejores experiencias de nuestra vida. 

El diario antártico ha finalizado pero nosotros aún tardaremos tiempo en digerir lo vivido, la hermosa belleza de lo contemplado en sus extremos de tempestad y de calma. ¡Qué fortuna haber podido conocer este confín remoto del planeta! ¡Qué maravilla poder atesorar la Antártida en nuestra memoria!

Fin.


Video "Hielo"


19 Dic 2023 (Día nueve) - Cuaderno de bitácora y video-diario antártico

Desembarcamos y emprendemos el regreso a casa, via Buenos Aires, que aún nos costará otros dos días.

La aventura antártica ha terminado pero, como muchas de las experiencias que vivimos, ha comenzado a formar parte de lo que somos.


Video-diario 19 Dic

Video-diario 19 Dic "Fin"



17 Dic 2023 (Día siete) - Cuaderno de bitácora y video-diario antártico

Despertamos a las 7:30. Por la megafonía anuncian viento de 25 nudos y temperatura de 10 °C bajo cero. El barco nos zarandea. Hemos cogido ya práctica en desplazarnos bajo estas condiciones, así que, ducha, desayuno y a comenzar un nuevo día. 

Nos encontramos cruzando el Pasaje de Drake dirección norte; estas aguas, que separan el Atlántico del Pacífico y tantas dificultades causaron a los primeros navegantes y exploradores en el pasado, son ahora nuestro hogar, por un par de días. 

A las 10:00, Martin nos da una charla en la sala multimedia sobre el hielo antártico:

El 70 % del agua dulce del planeta está en la Antártida (es el mayor reservorio de agua dulce del planeta). 

La nieve refleja el 98% de la energía que recibe -> sin el albedo de la Antártida la temperatura global del planeta sería 5 °C más.

500.000-1.000.000 años es la edad máxima de la nieve-hielo acumulada sobre el continente antártico.

Existe movimiento de nieve desde el centro de la Antártida a los extremos, la costa, a una velocidad de 5 m/año -> glaciares.
Las capas inferiores pasan a ser agua por presión de las capas acumuladas sobre ellas y eso favorece que fluyan las capas superiores del hielo-nieve hacia las costas.

Los icebergs son trozos desprendidos de hielo (agua dulce) de las placas de hielo marino antártico.

El espesor máximo de hielo es casi 5 km. La media de espesor de hielo marino es 2048 m.

La montaña más alta de la Antártida mide aproximadamente 5000 m. Se encuentra en las montañas transantárticas.

El peso del hielo-nieve acumulado sobre la Antártida hace que la placa de litosfera continental esté hundida (rebote isostático).

Existe gran importancia del papel de la Antártida en la corriente termohalina; convergencia antártica: es el lugar donde se encuentra el agua salada de los océanos (más caliente) con el agua fría y más dulce procedente de la Antártida -> se produce intercambio de energía -> hundimiento del agua-> Movimiento de nutrientes con el que se acompasan los ciclos de muchos de los animales.

La nieve antártica tiene importante función como regulador de temperatura y de nutrientes global.

El hielo marino tiene formación estacional a veces placas de 15-20 m de espesor se forma en tan solo un año. Otra función del hielo marino es ser superficie de descanso para mamíferos (focas).

Al congelarse el agua de mar y formar el hielo marino se congela el agua y la sal es expulsada hacia abajo, hacia el agua, formando canales que son aprovechados por fito y zooplancton -> favorecen la alimentación del Krill (que se alimenta de fitoplancton).

El Pingüino Adelia se alimenta de los primeros estadios del ciclo del Krill “ etapas jóvenes de Krill” que viven bajo hielo de mar.

Como el hielo del mar antártico está cada vez más al sur en verano en la zona oeste de la Antártida, los pingüinos Adelia han emigrado ya por el calentamiento climático hacia el sur en el oeste antártico.

Hay dos grandes placas (Ice Sheet) de hielo marino (flota sobre océano), la de Ross y la de Ronne, que están perdiendo grandes trozos de hielo en los últimos años. La Placa Ross tiene un espesor de hasta 100 m de hielo sobre la superficie del mar y un ancho de 250 km. Los icebergs que se desprenden de las placas de hielo siguen las corrientes circumpolares de aire (y agua), en el sentido de las agujas del reloj si miras desde arriba.

En nieve poco densa hay seis veces más de hielo por debajo de la superficie del mar que por arriba. En hielos más denso o compactados hay nueve veces más de hielo bajo la superficie del agua. Por debajo, en zona sumergida, las formas del hielo son irregulares.

El 2 % de luz que el hielo puro no refleja es en las bandas del ultravioleta y el azul, por eso se ve azulado el hielo cuando en él hay una cavidad. 

Los icebergs son erosionados por las olas, y en ellos se ven los niveles de las mareas (alta y baja). 

Existe hielo verde que se creía que se formaba cuando el fitoplancton muerto quedaba adherido a la parte inferior de la placa de hielo marino, así forma con el hielo cristales de hielo verde. Esto es un reservorio de materia orgánica que a veces puede tener miles de años. Sin embargo, ahora se sabe que el color verde en el hielo es por su alta concentración en partículas de hierro, que fueron arrastrados y extraídos de la roca, mientras el glaciar del que provenía el iceberg avanzaba.

El hielo más azul en los icebergs es hielo más antiguo que ha sido más compactado y ha perdido las partículas de aire que almacenaba absorbiendo así más energía en las bandas del azul y el ultravioleta.

Existe hielo rojo por acumulación de óxidos de hierro. 


A las 11:00, cuando acaba la charla de Martín, fuera nieva.

Martín nos ha dado algunas informaciones que no son científicamente correctas y eso hace que Nacho, Pau y yo tengamos nuestra propia charla sobre hielo, circulación termohalina y cambio climático durante más de media hora. 

Nos sorprende que no se haya mencionado apenas el cambio climático en todas las charlas que llevamos. Hubiera sido bueno oportunidad para concienciar e informar al público (los pasajeros del Ushuaia) del reto, al que, como ciudadanos nos enfrentamos, la emergencia climática.

El personal del barco es en general muy majo. En el comedor nos atienden todos los días Paulo, Luis y Juan. Los tres son amables y simpáticos. Siempre con una sonrisa. 

Juan es el maître, es un crack, nos alucina la cantidad de platos que es capaz de llevar a la vez, independientemente de lo fuerte que sea el zarandeo del barco. Ha trabajado en nueve barcos diferentes. Estudió para chef en el Cordon Bleu de Lima, trabajó en un prestigioso restaurante de Nueva York y ahora está aquí, como él dice, de mesero del Ushuaia. Tiene todo controlado en cada momento, alergias, dietas especiales… Es un auténtico profesional.

Paulo es brasileño, apenas habla castellano, pero tiene una sonrisa simpatiquísimo constante y un Smiley en la solapa de su polo.

Luis nos conoce a la perfección y siempre es fácil intercambiar con él alguna broma.

También es muy profesional Leo, el principal barman, que hace las veces de barbero-peluquero en el barco, luce cresta y tatus y tiene muy buen gusto musical (rock).

Son muy amables también el chico que nos hace la habitación, Miguel, siempre pendiente, y Gerónimo (al que llamamos Stilton por el personaje en forma de roedor de la literatura infantil), que es camarero junto a Leo y también hace tareas administrativas.

Octavia es la pastelera, que en su oficio es absolutamente excepcional; por la calidad podría ser chef de repostería en cualquiera de los mejores restaurantes del mundo. Y lo opino yo que no soy muy de dulces. Su pareja es el ayudante de cocina, que tiene como hobby tocar la trompeta. Ayer le escuchamos practicar en bodegas cuando volvimos del último desembarco. 

Es un gran mérito a reconocer la variedad y calidad de la comida en el barco. Llevamos una semana y no se ha repetido ni un plato, todo bastante sano y elaborado. 

En el puente de mando del barco, hemos conocido a dos de los tres oficiales y al capitán, Sergio. Juan, el tercer oficial de este viaje (en otros ejerce como segundo oficial) y Sergio han sido muy amables con nosotros cuando hemos pasado de visita. Siempre hemos entablado con ellos buena conversación. a Juan le gusta el flamenco, me quedé con ganas de saber el título de la canción española que escuchaba el primer día que le conocimos. Revisando los vídeos resulta que hice uno en el puente mientras sonaba “Sale el Sol en el Bajo A” de Javi Medina.

En los desembarcos, hemos conocido a varios marineros, que entre otras cosas manejan las zódiacs con mucha pericia, y a Pablo, el que parece el jefe de los marineros, que además de amabilidad tiene unos ojos de un azul clarísimo fascinante.
Antes y durante la comida de hoy, el barco se ha movido bastante, por ello, muchos de los pasajeros se encuentran en sus guaridas (camarotes) y solo salen para ir al comedor. El salón está más tranquilo que lo habitual. Incluso hay pasajeros que no acuden a las comidas y Fabián les lleva a su camarote algunas viandas. Nosotros nos encontramos bien y seguimos haciendo vida normal.

Es la una y media de la tarde del 17 de diciembre de 2023, y nos encontramos rodeados de agua por los cuatro costados del buque atravesando el Pasaje de Drake. A medio camino entre la Península Antártica y el Cabo de Hornos. A nuestra derecha (estribor), el Océano Atlántico, a nuestra izquierda (babor), el Pacífico.

Adrián (Adro), uno de los guías, lleva siempre camisetas muy chulas. La de hoy tiene por delante un dibujo de la tierra y la luna vistas desde el espacio unidas por una cuerda recorrida por un equilibrista. En la parte de la espalda, un mensaje en argentino: “Equilibrio es pensar exactamente lo que decís y sentís plenamente lo que hacés”.

Asistimos a otra de las charlas del barco, debía ser Mónica, la jefa de expedición, la que nos la diera, pero sin explicación, cambian el plan; Mónica no aparece y es Lucía quien vuelve para seguir hablando del Tratado Antártico (ya nos dio una charla hace unos días). 

Lucía es de esas personas que habla mucho sin decir nada, repitiendo una y otra vez la misma idea y llenando el mensaje de palabras o frases vacías. Tiene formación en ciencias políticas, pero a pesar de su amabilidad puede decirse que su ignorancia es demasiado atrevida. Y tiene la mala suerte de haber dado con nosotras, Pau y yo, que no le pasamos por alto las patadas que da en temas de cooperación internacional-Naciones Unidas (Pau) y teledetección y cambio climático (yo). 

Tras la charla subimos a la cubierta superior del barco, grabo mi vídeo diario (cada día desde que nos embarcamos he grabado un pequeño vídeo ¿será éste el comienzo de una influencer? No lo creo.) 

También hacemos un poco de ejercicio, por lo menos de estirar las piernas, recorriendo la cubierta superior de un extremo a otro (tipo patio de la cárcel) y luego bajamos al puente de mando, desde donde avistamos el chorro de una ballena. 

Cena, infusión en los sofás del Living Room y un rato más de lectura. Hoy parece que el tiempo no pasa. Son las 21:00, y estamos a 58° 13,2’ S 64° 50,05’ W. Aún no hemos llegado a la mitad del Pasaje de Drake. 

Termino de leer la “Interpretación de los sueños” de Freud a las 22:15.

El ambiente en el bar es distendido pero nosotros preferimos descansar. No nos parece buena idea mezclar el movimiento del barco con el alcohol ni que se nos junten resacas. 

Mañana es nuestro último día de navegación a bordo del Ushuaia. 

Video-diario 17 Dic Toma 1

Video-diario 17 Dic Toma 2


16 Dic 2023 (Día seis) - Cuaderno de bitácora y video-diario antártico

Amanecemos a las 5:35 para estar en cubierta a las 6:00 y en el puente algo más tarde pues nos aproximamos a Isla Decepción.

A las 6:30 cruzamos las Fauces de Neptuno, así se llaman los acantilados de entrada a la caldera interior de la Isla Decepción.

Antes de cruzarlas vemos un iceberg que se interpone en nuestro camino y que el oficial y el capitán esquivan con pericia. En el iceberg hay pingüinos.

En el último tramo mientras el barco se aproxima a Decepción muchísimos pingüinos forman líneas delante de proa y comienzan a nadar y saltar en el agua, precediendo el movimiento del barco. Van a toda velocidad.

Una vez el barco se adentra en la caldera de Decepción y sonando música de película en los altavoces del puente, lo cual lo hace aún más épico, el paisaje que contemplamos es precioso; rodeados por las laderas interiores del volcán cuya nieve está parcialmente derretida por la actividad geotérmica y deja ver los colores de la roca, entre los que destaca, en una zona concreta, el rojo oscuro.

Mientras desayunamos, el barco atraca en Puerto Foster. 

A las 8:00 somos los primeros en montarnos en la primera zódiac que va a Cala Péndulo. Playa de Piedrecitas volcánicas principalmente negras porosas, aunque también algunas rojas-color teja.

Un par de pingüinos se acerca en diferentes momentos a curiosear al grupo, que se dispone en torno a una lona para desvestirse y darse un chapuzón en el agua. Justo antes de comenzar con el baño, una foca cangrejera se lo da en la misma zona y saca la cabeza para que la veamos. 

Hanna, la neoyorquina a la que conocimos ayer, y su madre, forman equipo con Nacho, Pau y conmigo y los cinco esperamos pacientemente para ser los últimos en bañarnos en la playa de la caldera de Isla Decepción. El agua se encuentra a 4 °C a pesar de haber actividad geotérmica. Nos sumergimos en el agua, bikini y gorro es nuestro atuendo, y salimos deprisa a taparnos con la toalla que amablemente nos proporcionan los guías de la expedición.

Es una sensación muy curiosa, se siente mucho más frío antes del baño (incluso vestidos antes de desprendernos de la ropa y quedarnos en bikini) que en el agua y que después. Cuando sales la diferencia térmica es menor y la sensación de frío desaparece casi por completo. Nos invade un sentimiento doble como de calma pero a la vez como si nos hubiéramos cargado de energía. Lo peor son las piedras que se clavan en los pies, que también es la parte del cuerpo que más padece el frío. 

Nos vestimos con la sonrisa dibujada en la cara al saber que ésta, bañarse en aguas antárticas en la caldera de Decepción, es una experiencia única y muy especial en la vida.

Volvemos en zódiac al barco. 

Son las 9:30 de la mañana cuando me meto a disfrutar de una ducha, calentita.

Subimos al puente para contemplar las maniobras de navegación del barco para cruzar las Fauces de Neptuno en sentido salida y dejar atrás la caldera.

Navegamos paralelos a Isla Decepción en sentido norte, es decir, la vemos por la banda de babor. Donde también aparece pronto un iceberg gigante, de decenas de metros de altura. Salimos a cubierta a contemplarlo.

A las 11:30 estamos sentados en el comedor del barco y nos disponemos a comer.

Tras la comida, vamos a los sofás del salón: un café, una partida de cartas y mini siestecilla. Después bajamos a prepararnos para el último paseo por tierra antárticas.

A las 14:00 nos montamos en la zódiac que nos acerca a la playa de Bahía Walker en la Isla Livingston.

En ella, además de pingüinos Papúa, fósiles de árboles de los tiempos en los que la Antártida gozaba de clima cálido, huesos de ballena y de muchos otros animales, una foca en descomposición y una colección de minerales… Nos encontramos una gran colonia de elefantes marinos. Casi todos ellos juveniles macho que se encuentran “descansando” mientras en otros lugares los adultos estarán en esta época reproduciéndose. Algunos se pelean, unos pocos se mueven, varios hacen diferentes sonidos… Todos huelen bastante mal. Algunos se rascan con gestos muy humanos. Mientras tanto, los pingüinos, que son mucho más activos, se dedican a nadar, corretear en diferentes direcciones… 

A las 16:30 estamos de nuevo sentados en los sofás, tras cambiarnos de ropa y con un Earl Gray calentito y una rica galleta de pasas en la mano.

Comenzamos la navegación de vuelta a Ushuaia, atravesando el Mar de Hoces o Pasaje de Drake. 

Pasamos la tarde en los sofás del Living Room. Yo me siento arriba del respaldo y me paso más de una hora oteando el mar con la esperanza de hacer algún avistamiento a lo “Whales’ Stalker”.

De vez en cuando varios pingüinos saltarines me amenizan e infunden paciencia. A las 18:15, recorriendo el pasaje que separa Isla Decepción e Isla Nevada en dirección suroeste, antes de coger definitivamente rumbo norte hacia el Cabo de Hornos, dos grandes ondas se dibujan en el mar, que está como un plato, junto al lado de estribor del barco, y aparecen dos imponentes ballenas que nadan a contrasentido respecto a nosotros. Una de ellas bate magistralmente su aleta caudal ante nuestros ojos.

Las neoyorquinas me agradecen que les haya avisado del avistamiento y haber podido disfrutar del espectáculo de cetáceo. 

El barco comienza a moverse más. 

Cena, biodramina y pronto a dormir. 


Video "Isla Decepción"

Video-diario 16 Dic


15 Dic 2023 (Día cinco) - Cuaderno de bitácora y video-diario antártico

Estamos en el 5º día de navegación. 

Hemos amanecido con viento de 30 nudos (con ráfagas de 60) del noroeste y nieve. Sensación térmica de 17 bajo cero. Así que, tras el desayuno (7:00) nos informan que no se hará el desembarco que había previsto para esta mañana.

Desde el barco, por el lateral de estribor, se ven colonias de pingüino, tanto en tierra, como en algunos icebergs a la deriva. 

Son las 8:00, he salido a cubierta y no había nadie, he andado hasta el extremo de proa “zarandeada” por el viento y la nieve. Nos anuncian que en un par de horas tendremos una charla sobre focas. 

Sola, en los sofás del Living Room, siempre mirando de reojo al mar, comienzo a leer a Conrad (una avanzada del progreso), pues ayer terminé el tercero de los libros que me traje al viaje: Rimas y leyendas de Bécquer (tras Antología poética de Machado y 20 poemas de amor y una canción desesperada de Neruda, que cayeron, ambos, en uno de los vuelos internos por Argentina).

En la portada interior del libro de Conrad, mi madre escribió: Paz Urzáiz Enero 1995. Es el libro n° 15 de la colección de libros pequeñitos de Alianza Cien que yo recuerdo en casa siempre, desde la infancia, cuando Pau y yo jugábamos a ordenarlos, venderlos (en nuestro apasionante juego “libreras”) e incluso, a leerlos.

Anoche, tras la cena, conocimos a Helen, Patrick y ¿la mujer de Patrick? ¿Hermana de Helen?, Bueno, da igual, una tercera persona que es una mujer embarazada. Compartimos con ellos el inicio del karaoke, Helen vive en Nueva York y se arrancó a cantar con excelente actitud “I Will Survive“, tras la actuación estelar de un padre, primero, y luego, un hijo, que forman una pareja curiosa de auténticos estadounidenses, el padre defendió entre otros “My Way” de Elvis de manera sobresaliente.

Charla de focas a las 10:00 con Adrian:
Las focas provienen evolutivamente de los osos, son mamíferos marinos y son pinnípedos (pies en forma de aletas). Son fusiformes. -> tienen menor superficie a igualdad de volumen que los mamíferos terrestres (como las orcas y otros animales, tienden a formas “esféricas”). Se protegen del frío con esa forma (25% menor superficie para igual volumen que los mamíferos terrestres) pero también por el pelo y el tipo de grasa especial que tienen (grasa con menor conductividad).

Como las patas de los pingüinos (aves), las aletas de las focas tienen circulación a contracorriente -> Las venas y arterias discurren pegadas en paralelo para que el calor de las arterias se traspase a las venas y por tanto se gaste menos energía en mantener la temperatura corporal.

Las focas aguantan la respiración hasta hora y media bajo el agua.

Adaptaciones al buceo:
-> aguantar la respiración implica acumular CO2; lo que conlleva fermentación en lugar del ciclo de Krebs y acidificación de la sangre.
-> aguantar la presión.

Las focas tienen almacén de glucógeno en el corazón, de oxígeno en la mioglobina en los músculos.

Las focas guardan casi todo el oxígeno en su sangre y músculos. 

Exhalan para poder hundirse (flotan menos).

Al bucear aumenta la presión (1 atm por cada 10 m) lo cual implica que (por la ley de Boyle y Mariotte) a igual temperatura el volumen disminuye.

Los alveolos no se pueden comprimir, se llenan de linfa procedente de la sangre -> los pulmones inundados evitan su propio colapso por implosión.

Durante el buceo, como respuesta fisiológica, las focas (y muchos otros mamíferos) disminuyen el ritmo cardíaco (de 120 pulsaciones por minuto a 20 pulsaciones por minuto) -> menos consumo de energía -> conservación O2 -> menor producción CO2 -> menor acidificación de la sangre.

Las focas tienen vasoconstricción periférica.

La Foca Leopardo tiene rasgos reptilianos, es depredador top: se alimenta de pingüinos y otras focas (de Weddell). También comen Krill.

Las Focas de  Weddell tienen comunicación compleja mediante cantos.

La Foca Cangrejera se alimenta de Krill, como el Krill está en superficie, no bucea mucho.

Los Elefantes Marinos también son focas.


Comemos asado antártico, que es barbacoa. Me tumbo un rato en los sofás, mientras Pau y Nacho juegan a las cartas bajo la atenta mirada de una neoyorquina de Brooklyn que después conoceremos y querrá saber qué es eso del Guiñote.

A las 3 de la tarde, tras equiparnos con botas de goma, abrigarnos, echarnos protección solar y coger la cámara de fotos, nos montamos en la zódiac para hacer desembarco y pisar tierra en Punta Palada (Palmer Point) en la Isla Two Hummocks (Dos Mogotes), dónde hay una gran colonia de pingüinos Barbijo que nos recibe grácil.

Justo antes de bajar del Ushuaia, conocemos a Hanna, de Brooklyn, por la coincidencia, de que lleva las mismas botas après-ski que Paula. Al entablar conversación con ella, resulta que ha venido con su hermana mayor y su madre, pero que tienen otras dos hermanas, que se han quedado en casa y que resulta que son gemelas y que una de ellas se llama Kiara.

Al igual que Hellen, que también nos dijo ayer por la noche que venía de Nueva York, ambas preguntan con interés y quieren saber detalles de por qué hemos venido o de cómo es nuestra vida real al margen de la aventura antártica. 

Regresamos de la colonia de Barbijo en zódiac al Ushuaia a las 16:30, nos cambiamos de ropa y vamos al salón a tomar un café caliente para entrar en calor tras la incursión en tierra antártica.

Por la tarde, tres ballenas aparecen por el lado de estribor, enseñando sus fauces, pues se están alimentando, y sus chorros de respiración. Antes de perderlas de vista, comienzan a nadar de manera sincronizada y baten su aleta caudal fuera del agua ante la admiración de todos los que nos encontrábamos observándolas. La Antártida es un constante espectáculo de la naturaleza. 

Nos encontramos navegando el Pasaje Croker hacia el norte cuando comienza a nevar.

Mañana vamos a entrar navegando con el Ushuaia a la Isla Decepción a través de las Fauces de Neptuno, la apertura de la caldera en su extremo sudeste. Es una navegación compleja, en cuyo fondo hay un barco hundido que se hundió en 1957 y en la zona de babor al entrar quedan restos del naufragio.

Haremos desembarco en Pendulum Cove (Puerto Foster).

La última erupción del volcán de Decepción fue en 1971.

Bajo Puerto Foster, a 100 m bajo el nivel del mar, está la cámara magmática del volcán.

En la isla hay base científica española.

Nos vamos a poder bañar en las playas de la caldera de Decepción.

Antes de cenar sucede una nueva sorpresa en el barco; una pareja de jóvenes daneses ha decidido casarse. En un acto simbólico, intercambio de anillos incluido, el capitán del Ushuaia, les casa en la cubierta de proa del barco ante la atenta mirada y el aplauso emocionado de todos los pasajeros y gran parte de los miembros de la tripulación. Todos brindamos después a su salud con champán en el bar.

Tras la cena, volvemos a reunirnos en el Living Room y somos partícipes de un récord Guinness, la actuación de la cómica Hellen, de Nueva York (la chica que habíamos conocido el día anterior en el karaoke) que tiene raíces irlandesas y viaja acompañada de dos amigos, chica (la chica embarazada) y chico. 

Ella se dedica al humor y hace, disfrazada de pingüino, un monólogo ameno y divertido en el que nos nombra a Pau y a mí. Sus amigos se encargan de grabarlo. Previamente habían realizado el papeleo para que conste como la actuación cómica con mayor público más al sur del planeta. Lo de participar en un récord Guinness es curioso. La actuación de Hellen brillante y graciosa.

Nos vamos a dormir pronto, pues mañana el día comienza muy temprano.


Video-diario 15 Dic Toma 1

Video-diario 15 Dic Toma 2

Video "Zódiac"