domingo, 26 de junio de 2011

Muestreo y saludos ¡Hasta que nos tomemos un copazo!

Sábado 25 de Junio de 2011

Nos levantamos prontísimo, a las 6:15 ¡qué pereza-frío-sueño- pocas ganas de salir de debajo del edredón! Fuera hay un grado bajo cero y mucha humedad, pues el barco amanece envuelto en una densa niebla, tipo pelí británica de misterio. También está rodeado de bloques de hielo, que no placas, de entorno a un metro de alto y color blanco-nieve perfecto, que contrasta con el de los laguitos o mini arroyos de agua de deshielo que los recorren buscando su camino al mar. Son de un azul-glaciar intensamente bello.
Paso frío muestreando tres horas en la cubierta de pesca de arrastre... Muestrea el CTD, el agua a garrafas y para fuera, ¡que no se caliente!, limpia, aclara, rellena 60 mililitros de muestra en cada botellita de policarbonato, ¡no te confundas de garrafa!, cada muestra en su sitio, todo tiene un orden. ¡Para!, llega el segundo CTD. Muestrea para incubar agua procedente de diferentes profundidades, vuelve a cubierta y... otra vez lava, aclara, rellena con 60 mililitros de muestra, inocula, pipetea y conserva 250 μl de cada botella en ethanolamine, ¡hay que ser rápido y nada más inocular conservar muestra en los viales A!. Abre tapón, cierra tapón, llena otros 60 mililitros de la garrafa a la probeta y de allí a la botella de policarbonato. Abre tapón, inocula, conserva muestra, cierra tapón. ¡Las muestras que actúan como blancos hay que matarlas!, abre tapón, pipetea tres mililitros de nosequé buffer... Muertas, ¡ya no calcifican!, cierra tapón. Y así cuarenta y cinco veces... Al principio las manos duelen de frío, luego no las sientes y simplemente tratas de no perder la agilidad para que nada caiga al suelo. “Micromovimientos”. Todo ha de ser preciso y extremadamente cuidadoso en este “juego” de agua y radioactividad. ¡Venga que ya queda poco para tomar un té calentito!... 10:15. ¡Muestras listas para incubar! Las meto en sus bolsitas y las subo a cubierta.
-   ¡Hola Inés! ¿Cómo lo llevas?
-   Cerca de terminar... ¿tu?
- Bien, ¿en cinco minutos en el comedor para un merecido desayuno?
-   ¡Siiiiii!
Cada cual en su tanque o cubo. Compruebo que los baños de temperatura funcionan bien y están a las temperaturas correctas (0, 4 y 8 ºC). Los tubos de Inés y el cubo con agua por los que pasa constantemente agua running están justo a cero grados. Nosotras más que hambre... ¡debilidad! Y cuando por fin entramos a guarecernos dentro del barco nos encontramos la puerta del comedor cerrada... ¡no puede ser! ¿Qué pasa?
No hemos podido subir a la hora del desayuno y ahora andamos a punto del desmayo, pero coincide con la hora de fregar el suelo en el comedor. Así que el poco simpático marinero, quién hace en esta tripulación las tareas que llevaba a cabo nuestra querida Rambo durante ATP, nos prohíbe el paso. Al cabo de un rato de impaciente espera conseguimos nuestro objetivo: ¡un reconfortante desayuno!
Hoy es el día de la campaña con mayor volumen de trabajo, pues en plan “motivación máxima” hemos decidido duplicar el experimento (hacerlo con agua del mismo sitio para dos tiempo de incubación diferentes), además de hacer la estación de muestreo de agua de tres profundidades prevista.
Cuando llega la hora de la comida hay revuelo en el comedor. ¡El cocinero ha preparado unas gigantes megahamburguesas caseras! Sólo los marineros más robustos consiguen terminársela. Por poco pero I can’t manage with mine!
La tarde filtrando parte de las muestras de esta mañana, pues para la mayoría ya ha terminado su tiempo de incubación. Sólo quince se quedan en los baños de temperatura hasta mañana. Cuando termino de filtrar salgo por fin del laboratorio de radioactividad y me siento igual que cuando eres pequeño y sales de un cumpleaños que, aunque te lo hayas pasado muy bien (yo filtrando no me divierto tanto) sientes calor, tienes la cara roja, ganas de devolver, cansancio y dolor de cabeza. ¡No falla!
Casi doce horas trabajando contribuyen al malestar, pero aún así sacamos energía para bajar una hora al gimnasio. Entonces empieza el fuerte oleaje; y el pedaleo en la bici estática parece más real, con cuestas arriba y cuestas abajo a consecuencia de las olas.
Inés mientras winkleaba (agitaba winklers) me ha grabado un recopilatorio: Soundtrack ATP&Conflux Cruise. De sorpresa me lo encuentro sobre mi cama; decorado con florecitas, como no podía ser de otra manera viniendo de Flower child. ¡Genial!
Después yo le he llenado de carteles su lugar de trabajo en el laboratorio, rotulando frases míticas de la campaña sobre el plástico blanco que cubre la encimera. Una surgió hace un par de días cuando nos despedíamos de la Ice Polar Front junto al capitán, en el puente de mando; no podía faltar:
-   Qué pena Clara... ¡no vamos a volver a ver hielo nunca más! (Inés trascendental, realmente triste y reflexiva con el sentimiento de despedida y pérdida que nos invadía)
-   Y le digo: bueno... ¡hasta que nos tomemos un copazo! (Ambas nos reímos a carcajadas; y ese es el espíritu que intentamos mantener a bordo, de lo contrario todo sería más difícil).
De nuevo Biodraminadas (por si acaso la noche es movidita) subimos las dos a cenar.
Como el Cruise va muy bien de tiempo, es decir la campaña va incluso mejor que el horario previsto, han decidido inventarse una nueva estación que se hará entre la de hoy y la tercera y última prevista inicialmente, que será el lunes a 75 grados norte, sobre agua atlántica. Nos preguntan si nosotras podríamos o no participar en esta estación improvista e improvisada. Tendríamos que empezar esta noche o mañana por la mañana... Pensamos, barajamos la posibilidad pero... ¡Imposible! Inés no tiene winklers libres para muestrear, pues con el experimento doble y la estación de hoy están todos en uso. Y yo probablemente no tendría ni isótopo suficiente ni espacio luego en la máquina de Tromsø para medir más muestras. Así que nos la saltamos. Bueno casi, porque el CTD para Amanda sí que lo haremos. Para ella siempre hay tiempo y muestras (“modo irónico On”).
Antes de ir a dormir hay que pasar por cubierta, pues con las olas uno de los baños de temperatura ha empezado a fallar. Pero por suerte queda arreglado antes de congelarnos.
Para acabar el día grabamos un videosaludo... para echarnos unas risas, que en casa se queden más tranquilos y... ¡para que quede para la posteridad! Es broma, lo hacemos simplemente por pura diversión.



Hay un fuerte oleaje en el Mar de Barents, pero el trabajo duro está cerca de finalizar, así que satisfechas nos vamos pronto a dormir. Buenas noches.


Domingo 26 de Junio de 2011

El barco está parado. Me refiero a que mantiene su posición geográfica, pues estamos en medio de una estación de muestreo; pero quieto no está en absoluto. Las olas lo agitan y zarandean y él a nosotros a veces nos zarandea y otras nos mece: aaaaaarriba, aaaaaabajo, aaaaarriba, aaaaaaabajo... Trabajar dentro se complica. El estado de ánimo decae y reina un aturdimiento generalizado.
Tratamos de llenar bien el estómago en el desayuno para evitar el mareo y en seguida nos ponemos a trabajar. Es mejor no pensarlo y mantenerse ocupado. Yo tengo trabajo en el laboratorio de radioactividad, lugar que ya de por sí siento que absorbe mi energía; pero voy con ánimo: hoy tengo menos trabajo que ayer. Parar el shaker, con alicates las cubetas de los viales B a los C, tapa esto, cámbiale la etiqueta a aquello, séllalo con parafilm (parafilma que diría Johnna)... ¡otros 90  viales listos para almacenar en el congelador!
Después, a filtrar las últimas 15 muestras del experimento que ayer pusimos a incubar en duplicado. Monta la rampa de filtración, todo aclarado una vez en ácido clorhídrico y dos en agua de mar filtrada, saca las muestras de los baños de temperatura instalados en cubierta, bájalas al laboratorio de isótopos, enciende la bomba, asegúrate de que todo esté bien conectado y sellado, pon filtro, encima va el vaso de filtrado, parafilm, pinza, vierte muestra. ¡Y al lado otra y otra! Hazlo con lógica para saber dónde está en cada momento cada muestra. Aclara dos veces la botella de policarbonato con agua de mar filtrada, quita pinza, quita parafilm, retira el vaso con cuidado, lava las pinzas y conserva el filtro en el vial que corresponde... ¡y otra vez lo mismo! ¡Cuidado no se vaya a llenar el erlenmeyer de agua y el residuo pase a la bomba! Y cuando los filtros ya están en sus correspondientes viales aún no ha acabado: abre tapón, quítalo, tapa con un chisme de silicona que lleva una cubetita con un minifiltro (ya preparado así desde ayer), pipetea 0.2 mililitros de phenethylamine aquí y uno de ácido fosfórico allá. ¡Ya casi está! Enciende el shaker y asegúrate que con las olas la caja de los viales no se vaya a ir al suelo...
Ya sólo falta limpiar, conservar las botellas de policarbonato con clorhídrico dentro, guardar lo que ya no voy a usar y dejar todo listo para volver a muestrear mañana... ¡será la última estación! Pero sé que me va a faltar isótopo; así que saco el último mililitro de carbono catorce que me queda en la nevera y preparo la disolución para que mañana todo marche bien.
Son las doce. Minidescanso y manzana, que el estómago no puede estar vació con este oleaje.
Tengo que apuntar cosas en el cuaderno y pasar el estadillo del CTD al Excel del ordenador... ¡ah! y preparar lo necesario para muestrear después de comer la roseta para Amanda...
Es domingo, y según Marit el menú que degustamos hoy en la comida es lo que tradicionalmente se come los domingos en muchos hogares noruegos... Una especie de filetes de ¿cerdo? asados acompañados de chucrut y, cómo no, de brócoli casi crudo, patata hervida y una especie de pequeñas grosellas que crecen en arbustos rastreros del bosque boreal.
Minisiesta, de esas de diez minutos que sientan genial, en los sofás del salón y... ¡corre! Son las tres menos cuarto y a las tres está previsto el CTD para Amanda. Baja escaleras, sube la gradilla con los viales para DOC (Dissolved Organic Carbon), la caja con los tubitos para DIC (Dissolved Inorganic Carbon), un tubo de silicona para muestrear las botellas de la roseta, un cubo para sentarse y guantes de laboratorio... Coge el cuaderno y sube a la instrumental room, allí todo está listo para comenzar la maniobra. Apunta los datos y baja corriendo a muestrear. Luego fija muestras, ordena y almacena, pasa los datos al ordenador ¡otra cosa menos! Parece que no has tenido mucho trabajo y cuando lo ves escrito te cansas solo de pensarlo.
Inés todo el día midiendo oxígeno en las muestras que ha tenido 24 horas incubando. Winkleando a ritmo de Dr. Sapo (simpáticos paisanos), combina espectrofotómetro y titulador.
El vaivén nos baja el biorritmo pero estamos contentas pues la cuenta atrás ha comenzado. El fin de campaña está ya cerca.
Un poquito de gimnasio, cena y prontito a dormir que las olas contribuyen al cansancio. A ver cómo está el mar mañana.
Navegando rumbo sur para alcanzar mañana por la mañana los 75 grados latitud Norte - 30 grados longitud Este y comenzar la última estación.
Parece que en la Península hace mucho calor, yo lo añoro. También la noche y la luna, para variar. Siempre se quiere lo que no se tiene, así de caprichosos somos los humanos. Pero cuando no esté aquí, en el Ártico (a pesar de las olas) sé seguro que lo recordaré con mucho cariño y lo echaré de menos. Tengo la sensación de no haberme ido, de llevar aquí un mes en el que la semana en Madrid aparece en el recuerdo como un vago sueño. No es mucho tiempo pero ésta es mi casa, lo lleva siendo desde el 21 de Mayo. No queda mucho para que deje de serlo y no tengo ni idea de dónde estaré los próximos meses, pero da igual; de esta aventura siempre me quedarán un montón de buenos recuerdos.
Desde una montaña rusa, digo... desde un barco noruego Good night!

viernes, 24 de junio de 2011

Intentando "hacer ciencia" en el Ártico...


Jueves 23 de Junio de 2011

   Anoche estuvimos esperando para muestrear el CTD de agua de diferentes profundidades representativas del perfil; la roseta que debemos muestrear en cada estación para Amanda, esa desconocida que no ha venido a ninguna de las dos campañas pero que nos mantiene atareadas todos los días. Yo ni siquiera me he comunicado con ella, quizá no sepa ni que existo. Tampoco hemos recibido de ella una nota cordial o un mero agradecimiento y eso que le van a llegar más de 50 kilos de pequeñas muestras que probablemente le solucionarán parte de su tesis de doctorado. No quiero decir que necesite que se agradezca mi trabajo, pero esto es un gran favor, o un buen marrón (what a brown! decimos nosotras tomándonoslo con humor) y por lo menos creo que debería interesarse de vez en cuando por saber cómo van las cosas.
   Pues en esas estábamos, desde las 21:30 de la noche esperando que llegara la hora prevista para muestrear, muertas de sueño e impacientes por hacerlo e ir a dormir cuanto antes, pues hoy debíamos levantarnos too early in the morning.
   Casi las doce marcaba el reloj de la Instrumental room cuando por fin llega la hora de hacer la maniobra. Tomamos los datos de la estación en el cuaderno (latitud, longitud, hora UTC de muestreo, profundidad a la que se va a llenar cada botella...), esperamos los más de 20 minutos que tarda la roseta en subir de nuevo a bordo y bajamos corriendo a muestrearla. Pero al llegar allí nos damos cuenta que los dos marineros que se han encargado de tirar el CTD al mar y recogerlo tras su viaje por más de 200 metros de profundidad de agua ártica no tienen buena cara. Ha habido algún fallo en el sistema de cierre de las botellas y deben arreglarlo y volver a tirar el CTD al agua... ya entonces intuimos que íbamos a dormir poco. Hicimos tiempo tomando un vaso de yogur líquido y unos cereales en el comedor, volvimos a tomar los datos de las pantallas en la Instrumental room y bajamos de nuevo a esperar la llegada del agua para Amanda. El segundo intento también fue fallido. Pasaba la una de la noche cuando nos informaron: ¡abortamos misión! Otros científicos llevan rato esperando para empezar sus maniobras, que si alguien tiene que coger una red, el otro instalar unas trampas de gel no sé dónde... El horario durante la estación es así, si te demoras un poco retrasas el trabajo de las otras 20 personas. No era culpa nuestra, ni de los pobres marineros que hacen todo lo que pueden por mantener el ritmo y ayudar lo máximo posible sea la hora que sea. Simplemente a veces las cosas no salen según lo previsto. Entonces se nos propuso realizar la maniobra en torno a la hora de comer de hoy. Sin agua, con sueño y con el sentimiento de haber perdido el tiempo pudiendo haber estado en la cama hace horas nos vamos a la cama. Toca dormir poco.
A las 6:15 en pie. Legañas, cereales, un té calentito. El barco está casi desierto. Fuera está la frontera con el hielo polar (Ice Polar Front) y frío, mucho frío. A las 7:00 muestreando. Rellena garrafas de la roseta: la primera es de agua de superficie para empezar el segundo experimento en los baños de temperatura de cubierta; el segundo CTD es de agua de superficie, del máximo de clorofila e intermedia entre ambas profundidades, para las incubaciones en los tubos (Inés) y el cubo (yo) a través de los cuales circula constantemente agua. Llena 60 mililitros de agua procedente de las garrafas de agua ártica recién cogida en cada botella de policarbonato, mis muestras para medir calcificación. Inocula isótopo, conserva 250 μl de muestra marcada isotópicamente en los viales A (y... ¡listos para ser medidos a la llegada a Tromsø!), mata dos de las cinco muestras que haces para cada temperatura (las del experimento con agua de superficie) o profundidad (las que cojo en cada una de las tres Main Stations e incubo en el cubo) para que actúen como blanco. Todo a incubar
¡que frío!
Trabajo casi tres horas en la zona de la roseta y la cubierta de pesca de arrastre, para que el agua de las muestras no se caliente y el fitoplancton no empiece a aumentar sus tasas de actividad (metabolismo, calcificación...) antes de tiempo. Si me meto a trabajar dentro del laboratorio, donde por fin se está calentito, el fitoplancton, cuyo ambiente es el gélido ártico, sufriría un fuerte shock térmico.
El problema es que el agua con la que estoy trabajando es puramente ártica, estaba en superficie a -1,2 ºC (no como la atlántica del primer experimento que estaba a 5 ºC); esto significa que esas tres horas que me separan de tener todo listo para la incubación yo las he de pasar trabajando a una temperatura parecida a la del agua... ¿qué mejor sitio que fuera para conservar la temperatura? La de las muestras digo, porque la mía la voy perdiendo poco a poco, igual que la sensibilidad y agilidad de las manos y proporcinalmente aumenta la contractura muscular y el enrojecimiento de nariz. Hasta las 10:15, cuando llega el momento de disfrutar un merecido desayuno.
Los baños de temperatura funcionan correctamente con la ayuda del anticongelante que les echamos al llegar a 78 grados norte, pues el primero debe estar ahora a la misma temperatura del agua de superficie que, como ya he dicho, es -1.2 ºC... ¡cómo para darse un baño!
12:30. De improvisto a muestrear el CTD para Amanda, el que anoche nos falló. ¡Qué susto! Menos mal que todo estaba preparado y que no llega en mal momento pues yo aún ando haciendo tiempo hasta que mis muestras terminen de ser incubadas.
Poco después una comida riquísima; entre otras cosas unos filetes de cerdo con salsa champiñones a la pimienta que me hace recordar los guisos de papá, el sabor a hogar.
Enseguida, sin sobremesa, me pongo a filtrar todas las muestras, una detrás de otra. Increíble pero cierto: la bomba funciona correctamente. No me da ningún problema y tardo menos de lo que pensaba en filtrar las treinta muestras. Poco a poco transcurre el día, sin parar de trabajar para cumplir con el timing del experimento y la estación programados para hoy. E Inés y yo lo cumplimos de sobra... ¡Somos unas máquinas!
A las 18:30, doce horas después de empezar a trabajar, estamos en el gimnasio con un CD de música energizante a todo volumen. Suenan los Black Eye Peas. Motivación máxima. Tonight is gonna be a good night... Y lo será porque vamos a poder dormir y descansar bien, ¡mínimo siete horas! Yo hago 15 kilómetros en la media hora que paso sobre la bici; pienso... ¡no está mal para hacer tantos años que no cojo una de verdad!
Un rato de estiramientos y a cenar sin duchar, que aún no se puede. Riquísimo salmón noruego, picoteo y ensaladas varias... ññññaaaaammmm. Una de esas cenas en las que picas un poco de cada y disfrutas de todo.
Después, aún en mallas, salimos a cubierta a fotografiar el hielo y el reflejo del sol que se cuela entre las densas nubes.
Hace frío, muchísimo frío. Nos resguardamos en el puente de mandos. Y allí, a las nueve de la noche junto al capitán nos despedimos del hielo; bye bye ice polar front... Nice to meet & to see you!!! Creo y espero no olvidar nunca este lugar tan mágico, este paisaje tan impresionante, este frío tan profundo y la sensación de vida y belleza que transmite al respirarlo, al contemplarlo, al descubrirlo, al sentirlo como propio...
Ahora en la Instumental room del Helmer Hanssen, mientras navegamos ya rumbo sur dejando atrás la frontera con el hielo, van divisándose cada vez menos icebergs por la ventana y me dedico a resumir el día en este diario.
Pienso en lo que me queda para mañana: quitar las muestras del shaker y dejar todo listo para empezar de nuevo. Llegaremos a la segunda Main station, pero nosotras no muestreamos en ella hasta pasado mañana a las siete de la mañana. Así que yo espero tener tiempo para ayudar a Inés (que la pobre tiene tela) y también para seguir divagando como de costumbre.
Son las once y media pasadas: a dormir. Con el pelo mojado y la sensación reconfortante de una buena ducha (se pueden usar pero no por mucho tiempo, desde ahora otras treinta horas no shower). Y rumbo al sur to the next station!

Viernes 24 de Junio de 2011

Sueño con que me retuercen el brazo por culpa de un armario que cerrado se abre sin llave. Bueno, en realidad por mi impaciencia ayer por la tarde para encontrar el ácido fosfórico; pues, a punto de acabar de inyectar los viales se me había acabado; tenía que preparar más en disolución y ni la llave del armario ni las personas que supuestamente la tenían aparecían por ningún lado. Pero vamos, que el armario no cumple muy bien lo de guardar los químicos con seguridad bajo llave... ;-)
Suena la alarma del móvil, de hecho las alarmas, porque la de Inés y la mía se turnan para avisarnos cada poco tiempo y decirnos una y otra vez ¡venga! ¡a levantarse! Y nosotras mentalmente contestamos: cinco minutitos más porfi...
A punto de que suene la llamada al desayuno nos deslizamos cama abajo, yo helada de frío como casi todas las mañanas desde que empezó esta campaña y con los ojos aún entornados subimos a desayunar. ¡Comienza otro día de trabajo en el Helmer Hanssen!
La mañana entre termina esto y prepara lo otro. Yo en mi minilaboratorio de radioactividad bien: dejo ya otras 90 muestras almacenadas en el congelador listas para ser medidas en el Scintillation Counter de Tromsø y todo pensado y preparado para el doble experimento y la estación que haremos mañana. Pero abajo, en el sótano, donde trabaja Inés y dónde hacíamos los míticos bailes Ojalá no te hubiera conocido nunca y escuchábamos el Yo soy el mejor durante ATP, Inés tiene que volver a preparar un reactivo porque por algún extraño motivo sale raro y así no puede usarlo para medir sus muestras de metabolismo. Y allí está Peter, ese estadounidense bobo y pesado que es very close of mind, se aburre mucho y nos da la lata cada minuto. Puff... ¡paciencia!
Compartimos el final de la mañana pues ayudo a Inés a fijar sus muestras y al terminar nos llaman para ir a comer; un pescado, bueno dos juntos (salmón y bacalao), envueltos en albal y asados con verduras en su jugo. Delicious!
Las comidas suelen ser una mesa compartida por seis o siete personas en la que se escucha francés (los canadienses entre ellos), noruego, inglés y por supuesto castellano (Inés y yo hablando entre nosotras y siendo entendidas sólo por un noruego, John, que estuvo unos años viviendo en Chile) y... ¡porque la italiana no tiene con quién hablarlo que si no...!
Pues hoy, Inés y yo sentadas junto a la ventana, compartíamos mesa con los dos canadienses encantadores (Jean y Johannie); con Sigrid, una simpática noruega; Gaya y Peter, que siempre está preguntando qué hacemos, cuestionando cómo lo hacemos y diciéndonos: Guys! This is NOT gonna work! Y luego... ¡¡¡siempre funciona!!! Bueno, pues en medio de la comida nos grita desde el otro extremo: ¡vosotras! Bueno: Guys!!! ¡Habéis tirados vuestros guantes en la basura que no debíais en el laboratorio!
Lleva así toda la mañana. Como se aburre ha decidido controlar quién tira qué a cada basura y hacía un rato nos había dicho lo mismo pero los guantes eran morados, es decir, sabíamos que no eran nuestros y el pobre Tobías (un finlandés con el que yo comparto el laboratorio de radioactividad aunque aún no nos hemos cruzado allí) ha dicho: sorry. They were mines! Y los ha puesto en la basura correcta. Luego es cuando a mí se me ha debido pasar por alto la “organización basuril” o, mejor dicho, la separación de residuos peligrosos; y he cometido el “grave error”. Cuando trabajo dentro del laboratorio de isótopos tengo el máximo cuidado para no contaminar nada ni a nadie  (“así me lo aprendí yo” gracias a Iñigo “the supervisor” y sus ejemplos gráficos sobre ¿el hijo de Inés? en la anterior campaña) pero ayudando a Inés manipulando agua la verdad que mucho sentimiento de peligrosidad no me inspira.
El caso que ya estaba bastante harta de que sea el tío tan pesado y ande ocioso controlando todo, hablando claro: dando por saco. Cuando ni siquiera entiende lo que el mismo hace... Parece cruel pero es que es poco listo de verdad. Bueno, pues después de poner cara de pocker en plan “mierda, he sido yo” y media sonrisita a modo de sorry me ha salido el carácter. Le he dicho muy cortésmente que estábamos comiendo que We wanna be calm y que we can talk about that after lunch IN THE LAB!!! Se ha hecho un poco el silencio pero creo que todos los científicos piensan lo mismo (que es insoportable, pesadísimo y falto) y llevaba pidiendo a gritos un corte así desde hacía varios días. Aunque en absoluto ha sido premeditado, simplemente me ha salido del alma. Si hubiera querido ser desagradable se me hubieran ocurrido un millón de frases como: Please, Could you shut up for a month?! Ó simplemente: Leave us alone!!! Pero no, me he limitado a hacerle saber que quería comer tranquila.
Acto seguido a mi intervención en plan: “stop, no voy a aguantar más tonterías”, mientras Sigrid aún se sonreía discretamente, el canadiense que estaba sentado a mi lado me ha dicho en bajito y riéndose I do too! E Inés con sonrisa de oreja a oreja casi incontenible me dice en castellano: Clara, vamos a disimular pero sobre lo que acaba de pasar... ¡Puntos para tí!
No ha sido a posta, simplemente quizá no esperaba que alguien fuera a contestarle y creo haber sido bastante educada; así que supongo que se mantendrá algo más al margen (lo que su aburrimiento y curiosidad le dejen) y que ésta historieta se comentará a sus espaldas y las mías en el barco. ¡Seguro! Por lo menos ha entendido que la comida es momento para descansar y disfrutar, no para andar tocando las narices con estupideces. Score!
Tras la sobremesa bajamos al laboratorio y de camino vemos que está previsto que a las cuatro y cuarto muestreemos el CTD de esta estación para Amanda... ¡y nosotras sin enterarnos! Un rato en el laboratorio con Inés, que hoy se está encontrando trabas pero va sacando todo adelante perfect, y sin tiempo para ayudarle me subo a la Instrumental room a tomar los datos necesarios. Pero hay retraso sobre el horario previsto, así que Hans decide darme conversación durante la más de media hora que me quedo allí esperando. Cuando por fin el CTD está arriba muestreo las doce botellas, bajo a fijar muestras, poner fecha a las etiquetas y almacenarlas.
Luego un rato de gimnasio y a cenar lasaña rica.

miércoles, 22 de junio de 2011

Tras cuatro días de aventura... ¡¡¡llegamos al hielo!!!

Sábado 18 de Junio de 2011

6:00 suena el despertador. ¡No es posible si me acabo de dormir! Pienso. He pasado mala noche, con frío por la brisa Madrileña que ha agitado las cortinas al colarse por el balcón y sed tras la copiosa cena por Lavapiés. Retraso el despertador pero dos duendes en la cocina preparan mis sándwiches para la comida y el zumo de naranja del desayuno.
6:25 me dejo caer de la cama. Empieza un largo día.
7:05 en el coche camino de Barajas por la M30. En una conocida emisora de radio suena Born in the USA.
7:30 despedida. Facturo la maleta, esta vez más ligera y mucho mejor hecha. Paso los controles. ¡Lista para volar!
Ahora, la una y media de la noche, volviendo a situarme bajo el espléndido sol de medianoche escribo éstas líneas desde el camarote 216 del Helmer Hanssen (antiguo Jan Mayen).
Hoy ha sido el cumpleaños de Inés, tanto ella como yo hemos pasado el día volando, cruzando Europa; ésta vez de sur a norte. Yo he tenido menos suerte que ella pues ya mi primer vuelo ha salido de Madrid con casi dos horas de retraso. Allí mismo, en Barajas a escasos quince minutos en coche de casa ya ha empezado la odisea.
Aterrizo en Frankfurt (dónde ya en principio sólo tenía 55 minutos para hacer la escala) más de media hora después de la hora prevista para el despegue de mi siguiente vuelo, pero no lo doy por perdido; pues los problemas no los tenía el aeropuerto madrileño sino el alemán, en el que hoy les ha dado por probar un nuevo sistema de aproximación. ¡Éstos alemanes!
Me entero que todos los vuelos que parten de allí están también sufriendo retrasos; así que, simplemente corro (ya me sé el camino) y confío que mi vuelo a Oslo no haya partido sin mí.
En la terminal 1 del aeropuerto de Frankfurt aparece corriendo  una chica (yo misma) que se dirige a la puerta dos. Al otro lado de la estancia, 20 metros más allá la puerta dos se comienza a cerrar, el embarque al vuelo de Oslo está finalizando. Una azafata de las SAS grita Are you traveling to Oslo? ¡Me ha visto! Embarco en last minute boarding, sin aliento. Un autobús a toda velocidad me acerca a pista, voy sola y embarco en el avión la última. ¡Por los pelos! Más tarde descubriré que la maleta no fue tan rápido como su dueña. Se quedó en tierra.
Aterrizo en Oslo dos horas después, aunque mi maleta va facturada a destino en el aeropuerto de Oslo siempre me obligan a refacturarla así que espero paciente ante la cinta de equipajes intuyendo lo que pronto se confirma ¡mi maleta no aparece!
Allí, en Oslo, en principio tenía dos horas para hacer la escala así que recupero parte del tiempo perdido por los “vuelos delayed”. Aún así no voy bien de tiempo. Me acerco al mostrador Arrival service de las SAS, después de aguantar una desesperante cola, sin ya casi tiempo para llegar al embarque del vuelo a Tromsø consigo exponerle mi situación a una agradable Noruega, me dice: olvida tu maleta y reclámala desde Tromsø Just run!!! Y eso es lo que hago, atravesar dos pisos del aeropuerto de Oslo corriendo.
Entonces llega el siguiente obstáculo de la carrera, no tengo tarjeta de embarque y las máquinas automáticas para adquirirlas me informan: contact SAS crew, your flight is closed. Por suerte aparece un amable empleado de las aerolíneas escandinavas y me lleva al “mostrador de los casos casi perdidos”, me dice: all right, you are on time. ¡No me lo puedo creer! Me da la tarjeta de embarque, me hace pasar por un control policial obviando toda la cola del control normal y me grita Run!!! Gate therty four!
Había hablado con Inés cuando esperaba ilusa ante la cinta de equipajes, ella está a bordo del vuelo a Tromsø y le ha dicho a la tripulación que me esperen. Otra vez se repite la historia: chica corriendo, puerta de embarque a decenas de metros cerrándose, personal de las SAS que se da cuenta.
     Con las manos cargadas con todo lo que había ocupado las bandejas del control policial (cinturón, reloj, documentación, abrigos, ordenador y mochila) entro, también la última, en el avión que un par de horas después aterrizará en Tromsø. Entonces me doy cuenta de la tensión, nervios y estrés que he acumulado a lo largo del día gracias al nuevo sonar de la torre de control de Frankfurt.
     En Tromsø comienza la siguiente batalla; saber dónde está mi maleta y reclamarla. Sabiendo que en poco más de doce horas está previsto que zarpe del puerto el Helmer Hanssen.
Aunque las primeras noticias no son muy buenas parece que finalmente mi maleta está, efectivamente, en Frankfurt. El amable noruego que hace el parte de incidencia debe de compadecerse con mi cara y mi historia. Cualquiera puede pensar que no tiene mucho sentido recorrer el Mar de Barents sin ropa. Se toma su trabajo en serio y me dice que mi maleta viajara por la noche a Oslo y que muy probablemente allí la embarquen en el primer vuelo de la mañana a Tromsø. Ahora sólo queda confiar que así sea y decírselo a la jefa de campaña, pues la hora prevista para zarpar son las 8:30 de la mañana de mañana domingo y, para entonces, mi maleta aún no habrá llegado.
 Inés y yo intuimos que nuestro camarote será uno de los del sótano, así es, el 216. Algo más espacioso que nuestro hogar durante la anterior campaña, también de tres camas pero esta vez con baño propio. El único inconveniente, que se corresponde con la parte derecha de la proa del barco; así que se nota más el vaivén y sobretodo el ruido propio de la navegación en el Mar de Barents, que no es demasiado calmado que digamos.
Tras descubrir que no sólo le han cambiado el nombre al barco, sino también a nosotras pues el cartel de la puerta dice Clara Urzaiz e Inez Mazarrasa; nos disponemos a pasear. Salimos del barco bajo un sol que calienta bastante y la animada conversación nos hace olvidarnos del rumbo al caminar, así que paseamos en la dirección equivocada durante casi media hora.
Cuando nos damos cuenta cambiamos el sentido, paramos a comprar un cepillo de dientes para mí y algo para cenar en el barco y pasamos bordeando el puerto hacia el centro de Tromsø, a dónde nos dirigíamos desde un principio y que tan sólo estaba a 10 minutos caminando desde el barco... Bueno, por lo menos hemos estirado las piernas.
Entonces llega el mejor momento del día, la pinta de cerveza de celebración de cumpleaños, sentadas en una terracita en la calle principal.
No nos demoramos mucho pues el hambre nos hace volver al barco. Cenamos at Spanish time bajo la atenta mirada de la tripulación que son sin duda mucho más agradables que los de ATP.
Tras la cena comienza el trabajo, empezamos a desembalar e instalar “nuestros cacharrímetros”... ¡Ocupamos el barco! El cual luce glorioso en el puerto, pues aún está adornado con banderines, restos de la ceremonia de rebautizo. Y estrena letreros con su nuevo nombre recién pintado, sin embargo, aún queda la sombra de los que rezan Jan Mayen.

Domingo 19 de Junio de 2011

7:00 nos levantamos. Ya en la cola del desayuno nos encontramos a Marit, había tratado de contactar con ella la tarde anterior sin éxito; así que, en cuanto le veo le expongo mi situación. Yo conseguí llegar, mi maleta no. Ambas pasamos la mañana tratando de contactar con los servicios de “equipajes” de los aeropuertos de Oslo y Tromsø, pero las decenas de llamadas no hayan respuesta.
El primer vuelo procedente de Oslo aterriza a las 11:25 así que allí estaremos ambas con antelación para ver si tenemos suerte y han embarcado en él mi maleta. Ni siquiera estamos seguras que llegara anoche a Oslo, así que sólo queda esperar que todo vaya bien. Yo con resignación y cierta preocupación o sentimiento de culpa, pues el barco retrasa su hora de partida tres horas. Además yo debería estar ya trabajando, montando los experimentos, no buscando maletas.
Se me dice claramente: si tu maleta no llega en el primer vuelo, nos vamos sin ella. Pienso que nada es imprescindible pero no me hace ninguna gracia irme sin botas ni mi cuaderno de laboratorio y sobretodo irme sin el cargador de la cámara de fotos...
Marit, la jefa de campaña, es muy amable y atenta conmigo. Me ofrece un Plan B. Si no hay maleta iremos a su casa y yo podré coger de allí la ropa que necesite, compraremos algo de aseo y volveremos al barco para cruzar hacia el norte el mar de Barents. Se lo agradezco muchísimo, igual que a Inés que me ha ofrecido compartir la escasa ropa que se ha traído para ella misma pero, sinceramente, no me veo yo llevando las bragas de la jefa...
Después de varias horas de espera e incertidumbre a las 11:15 llegamos Marit y yo en una furgoneta de la Universidad al aeropuerto. Nos atiende una señora que en un principio pone una cara que a mí no me gusta nada. Me hace pensar que se acabó toda esperanza, pero comprueba el número de referencia en el servidor de internet y finalmente sonríe. Mi maleta está a bordo del vuelo que aterrizara con algo de retraso pero en los próximos minutos en el aeropuerto de Tromsø. Cuando finalmente veo aparecer mi maleta en la cinta de equipajes casi no me lo puedo creer y entonces sonrío por primera vez desde que me bajé del coche en Barajas. Y me doy cuenta que llevo día y medio con una camiseta en la que hay una fotografía de una maleta y de un avión entre otras cosas... resulta gracioso. Para los compañeros del barco será fácil recordarme como la chica de la maleta.
Tenemos que pasar a dejar la furgoneta en la Universidad, después al barco y zarparemos.
12:25 en un taxi camino del Helmer Hanssen suena Complicated de A. Lavigne. Me hace recordar un tiempo en el que llevaba un jersey rojo con mangas acampanadas, los calentadores vaqueros y un pañuelo en la cabeza.
La pobre Inés ha trabajado sola toda la mañana, en cuanto llego me pongo ropa limpia y manos a la obra para ayudarle con el Set up. Somos las únicas que trabajamos, los demás toman el sol en cubierta. Alguno nos pregunta sin mucho afán si necesitamos ayuda, pero nos valemos solas y trabajar en manga corta es algo que a estas latitudes no estamos acostumbradas, así que lo hacemos de buen humor.
Nos dicen que el hielo está lejos y que por motivos propios de la navegación no tendremos agua para empezar experimento hasta mañana por la noche, así que eso nos permite relajar el ritmo de trabajo. Tenemos un día más para organizarnos, ordenar y tener todo listo, así que disfrutamos de un rato de deporte en el gimnasio y nos permitimos el lujo de no acostarnos muy tarde. Antes hemos conocido a los compañeros. Algunos muy simpáticos, la verdad.
El día se resume de la siguiente manera:
mañana de sol, tarde de viento, noche de olas.
Comienza la mala mar, las olas azotan fuertemente el casco del barco, así que es ineludible el mareo, que se junta con la liberación de tensión y nervios sufridos desde que comenzó el viaje. Lo mejor es Biodramina y a dormir. Mañana será otro día aunque la noche promete ser movidita.

Lunes 20 de Junio de 2011

Durante la noche el fuerte oleaje nos ha despertado en varias ocasiones, sin mareo por efecto de la Biodramina al acostarnos, pero sintiendo los continuos zarandeos.
A las dos de la mañana, Inés, con los ojos como platos, se despierta sobresaltada. Casi al mismo tiempo yo también lo hago. Una fuerte ola nos ha hecho salir de los sueños de golpe, pero ella va más allá; cual Búho ibérico se incorpora en la cama y salta hasta el suelo. Con bastante agilidad por cierto teniendo en cuenta las horas que son, el sueño y el movimiento del barco. Me dice que pasa algo con nosequé reactivos. Cuando vuelve al camarote consigo enterarme que lo que pasaba era que pensaba que no había asegurado en la “habitación nevera” unas botellas de reactivos recién preparados y que con el oleaje pensaba que se iba a encontrar todo inundado y lleno de cristales. Sólo era un mal sueño, todo está en orden y tras su paseíto en pijama por los laboratorios volvemos a tratar de conciliar el sueño. Yo me vuelvo a acurrucar bajo el nórdico con una sonrisa ¡su serenidad era mayor de lo habitual!, este barco nos va a volver más locas de lo que ya veníamos de serie.
¡Dormimos 7 horas y media! Es todo un record. Al despertar: Biodramina con cafeína. El mar ha decidido saludarnos con su fuerte vaivén, hay muchísimas olas.
Tras el abundante desayuno escribo un mail de dudas a Johnna, que ahora se encuentra al otro lado del mundo, en Cartagena de Indias embarcada en la expedición Malaspina.
El acceso a Internet es limitado, va y viene, como el mar. Además hay problemas con el nuevo sistema informático instalado en el barco, el cual se estrena para nuestra campaña. Si Hans no se apañaba con los datos del CTD habitual, con el programa antiguo; ¡lo de intentar comprender el nuevo programa y hacerlo funcionar promete!

Por la mañana he pasado dos horas etiquetando todas las muestras que voy a recoger en la campaña. Y justo cuando estaba terminando los marineros nos han avisado: There are Dolphins!!! Delfines a proa. Un grupo de bicolores delfines que iban abriendo paso al buque, haciendo cabriolas y piruetas; una coreografía perfecta que ha terminado justo antes de que yo consiguiera sacar la cámara para inmortalizarlos, pues me había entretenido en abrigarme para no morir de congelación por efecto de un intenso viento del norte que nos daba de cara al asomarnos por la barandilla de Proa para verlos. ¡Bellísimos ellos y sus movimientos! Me sorprende que en apariencia sean “gorditos”.
Cuando se marchan bajamos por las escaleras desde la cubierta de proa a intentar recuperar en el interior del barco el aliento cortado por el frío.
La verdad es que en lo que llevamos de campaña no he hecho casi fotos, por pasar mucho tiempo en el sótano y porque fuera sólo hay agua (ni hielo, ni fiordos, ni glaciares, ni Svalbards nevadas). Además el mar está embravecido, y si él se enfada ¡a mí me da por no hacerle fotos! a modo de represalia personal.
Después de comer hemos salido bien abrigadas a cubierta a hacer el set up del agua running que recorre en zigzag los tubos de incubación de Lara (ahora de Inés), una nevera-incubadora de unos compañeros estadounidenses y finalmente desemboca en mi cubo (sencillo sistema de retención de agua para meter mis botecitos a incubar cuando empecemos a muestrear las estaciones previstas). Entre tanto una ballena pasa a saludarnos, pero es tímida y no se deja ver; sólo intuimos su presencia.
Trabajando en cubierta descubrimos lo poco listo que es Peter, un estadounidense de Ohio, con acento a lo Bush hijo que siempre ve problemas donde no los hay y no ve las cosas más obvias. Es el jefe de una italiana encantadora con la que hemos entablado buenísima relación desde el principio, además tiene un nombre precioso, Gaya.
No nos podemos creer que los baños de temperatura que instalamos ayer funcionen perfect! Además, la mitad del equipo científico a bordo piensa que es una gran idea y quieren aprovecharla, nos han pedido por favor si pueden usarlos. Nosotras, very proud of our selves, les hemos dicho que si, que los compartíamos sin problema; pues en esta campaña va a haber espacio de sobra en ellos para realizar las incubaciones.
Por la tarde etiqueto las muestras que tomaremos del perfil de profundidad para Amanda, la chica que no ha venido a ninguna de las dos campañas pero que va a tener en su laboratorio centenares de muestras que nosotras le hemos hecho el favor de ir etiquetando, recogiendo, fijando, empaquetando, transportando...
A las 18:00 hemos tenido la primera reunión para conocer el timing de la campaña, el cual irá cambiando y habrá que ir adaptándose en función de cómo vaya transcurriendo la navegación.
Tenemos todo organizado y sabemos bien cuándo y qué tenemos que hacer, cuál es nuestro papel en la campaña. Por ahora somos las que más hemos trabajado sin duda. Los demás a ratos hacen algo pero la mayor parte del tiempo leen, están con el ordenador, la tele o simplemente duermen. Muchos nos han ofrecido su ayuda o se han interesado por nuestro trabajo. Es agradable compartir con la mayoría de ellos alguna charleta de sobremesa en los sofás de cuero rojos del salón.
Hoy también ha habido tiempo para bajar al gimnasio: cinta y bici a tope. Sin tiempo para ducharnos antes de la cena hemos aparecido en el comedor con las mallas; supongo que nos hacen unas “garricas”... Vamos, que no son muy favorecedoras. Así que hemos escuchado como los marineros se reían de nuestras pintas en la cena.
Eso es otra cosa que he descubierto: en las campañas la apariencia me da exactamente igual. Hay tiempo para ir limpio y aseado pero ni tiempo ni ganas para usar secador (de hecho en esta campaña se ha quedado en Madrid), peinarse o ponerse “mona”. Llevo un mes en ropa deportiva, cómoda y abrigadita. ¡Qué lejos han quedado mis falditas y vestidines! (Tonterías que una va pensando a estas horas encerrada en un barco en medio de ninguna parte; bueno no, en medio del Mar de Barents).
Mañana muestreamos roseta a las 6:00; así que, después de cenar trabajamos lo justo para tener por la mañana todo ready to go. Una ducha y a la cama. 23:23 buenas noches desde algún lugar por el centro del mar de Barents a 74 grados Norte rumbo noreste.

Martes 21 de Junio de 2011

5:15 suena el despertador
5:45 después de un zumo y un té estamos listas para muestrear nuestra primera roseta de la campaña: agua de superficie para el experimento de metabolismo y calcificación a diferentes temperaturas (los baños de temperatura de cubierta).
Pero antes muestrean los canadienses nutrientes; así que nosotras no comenzamos hasta las siete menos cuarto. Mientras tanto nos enteramos que estamos sobre agua atlántica, que en superficie supera los 5 ºC de temperatura, esa será la temperatura de incubación de nuestro primer baño en el experimento, las otras dos serán + 2 y + 4 ºC para simular el efecto del calentamiento global. Así trataremos de instalarlo... ¡a ver si lo conseguimos!
Suena la llamada a desayunar (ya no es lo mismo sin nuestra Rambo particular diciendo siempre con el mismo soniquete: Breakfast is served) cuando yo estoy empezando a inocular el isótopo (carbono catorce) en las muestras. Así que Inés me prepara un buen desayuno y me lo deja guardado para cuando yo termine.
Son las 8:15, tengo las muestras listas para incubar, frío por trabajar en la cubierta de la pesca de arrastre para que no se me caliente el agua de superficie mientras inoculo, pipeteo, aclaro, abro tapón, cierro tapón... y hambre. Un rico y merecido desayuno me espera.
Después me busco tareas para ocupar las cuatro horas de espera hasta que pueda empezar a filtrar las muestras tras la incubación. Miro el mail, organizo cosas, preparo más disolución de carbono catorce, instalamos una red gris (tipo mosquitera) sobre los baños para simular la luz a 5 metros de profundidad que es de dónde hemos cogido el agua “de superficie”, aguantamos a Peter pululando y cuestionando nuestro trabajo por efecto de su propio aburrimiento (cual niño dando la lata al faltarle entretenimiento), pensamos cosas que necesitamos concretar con Marit a lo largo del día...
La hora de comer llega casi sin hambre, pues a media mañana hemos atacado la fuente de uvas-sin-pepitas del salón y la bolsa de cacahuetes que teníamos en el camarote. Además ya va siendo otra vez frecuente, casi constante diría yo, el brócoli y la patata hervida... dos clásicos de la dieta diaria en este barco.
Después de comer filtro mis muestras. Me lleva algo más de dos horas; la primera de ellas bastante tediosa por la lentitud de la bomba y cuando mi grado de desesperación era ya máximo, no sé ni cómo ni por qué, ha empezado a funcionar correctamente. Y durante la segunda hora he filtrado el doble de muestras que en la hora anterior; así que el sentimiento de desesperación se ha transformado en el simple calor agobiante del minúsculo laboratorio de radioactividad.
Cuando finalmente he añadido a filtros y cubetas los reactivos correspondientes he dejado todos los viales en el shaker hasta mañana, todo recogido y listo para empezar de nuevo.
Entonces eran cerca de las cinco de la tarde e Inés y yo, like squirrels previsoras hemos empezado a hacer una tarea que no era necesaria hacer hasta el último día de campaña: etiquetar baúles, comprobar que el inventario para aduanas se ajusta y en definitiva iniciar el packing para que todo este material científico vuelva a Palma. Todo lo que vayamos haciendo mejor, a ver si esta vez conseguimos no pasar la última noche de empalmada trabajando para llegar a tiempo a la descarga de baúles.
Luego, y tras casi doce horas de trabajo, ha llegado el momento gimnasio. He descubierto que en la bici resuelvo mis quebraderos de cabeza relacionados con los experimentos y salimos nuevas. Siempre he pensado que es necesario compensar el cansancio mental con el físico y realmente entre eso, la ducha y la cena, ¡todo se ve diferente!, quizá con una perspectiva más enérgica.
A lo largo del día hemos subido bastantes veces a cubierta pues los baños de temperatura no funcionan todo lo bien que deberían. Nos movemos hacia el norte, es decir, más frío. Así que les cuesta mantener las cálidas temperaturas programadas para la incubación del agua atlántica. Aún así, sólo es un calentador el afectado por el incipiente frío, el resto (bombas incluidas) funciona increíblemente bien.
Celebramos una reunión para concretar de nuevo el planning de los próximos días. Mañana, a petición de Marit, la jefa de campaña, yo tendré day off! No quiere que empecemos un nuevo experimento antes de llegar mañana por la noche a la primera de las tres grandes estaciones de muestreo en la que todos los científicos participamos y que se demorará más de 30 horas seguidas. Así que yo tengo escaso trabajo: sacar las muestras de hoy del shaker, almacenar correctamente en el congelador todos los viales del experimento 1, listos para ser medidos en Tromsø y dejar todo preparado para cuando nos digan que empezamos la primera Main Station de muestreo.
Marit ha resuelto nuestras dudas y ha aprovechado para alagar nuestro trabajo, decirnos que está gratamente sorprendida con todo lo que hacemos y con lo bien que nos organizamos y montamos experimentos. Que nos obliga a descansar para mantener la objetividad y la seguridad y que nos lo merecemos. ¡Todo un detalle!
A pesar de tener el día de mañana más relajado nos da tiempo a realizar los tres experimentos y las tres estaciones de muestreo previstas a lo largo de la campaña.
Para cenar, entre otras cosas, ha habido unos riquísimos espaguetis. Después, con el cansancio del largo día, sólo nos ha quedado tiempo para hacer algunas fotos del hielo y pasar un rato en la Instrumental room tratando de conseguir un poco de comunicación vía internet, lo cual no ha sido del todo fácil.
Nos acostamos (otro record: doce menos veinte) con el constante estruendo de los bloques de hielo chocando contra el barco y deslizándose raspando su cubierta, a escasos metros, centímetros diría yo, de nuestras cabezas. A ver si conseguimos acostumbrarnos a los empellones y al ruido y podemos dormir; que hoy, trabajando desde antes de las seis de la mañana... ¡nos lo hemos ganado!
Desde que dejamos el sol y la manga corta en Tromsø nos ha acompañado un intenso frío, ¡menos mal que en esta campaña no tenemos que pasar horas muestreando en cubierta! Pero no es sólo fuera, dentro del barco también hace un desapacible frío que cala los huesos y el alma si por despiste no te abrigas lo suficiente. Yo, para dormir hago con el nórdico la “estrategia nido de oruga” y así trato de guardar el calorcito. ¡Buenas noches!

Miércoles 22 de Junio de 2011

     A las siete suena el despertador pero Inés, con muy buen criterio por cierto, me dice que si yo no tengo muchísimo trabajo para hoy que me quede durmiendo un rato más. Se lo agradezco, eso y el sándwich y yogur de desayuno que me baja al camarote cerca de las 9, hora, ya bastante prudente, en la que me toca levantarme.
     Paso parte de la mañana haciendo lo previsto; dejar listos para medir los viales del experimento 1 de temperaturas. Preparo cuidadosamente todo lo que necesitaré para muestrear el agua de tres profundidades diferentes que sacaremos de la roseta cuando lleguemos a la primera gran estación de la campaña.
     Durante estas tres grandes estaciones de 30 horas que vamos a realizar a lo largo de la campaña se restringe el uso de las duchas para no tener que liberar en ese momento nuestra agua residual al mar; así que nos avisan que no habrá posibilidad de ducha a partir de las tres de la tarde. Por ello decidimos bajar al gimnasio antes de comer. Estando allí, a eso de las 12:30 de la mañana se asoma un marinero (uno muy simpático que es de alguna isla de en medio del Atlántico y que siempre lleva los cascos para protegerse del ruido sujetos en la frente, lo cual le da un aspecto graciosísimo) y nos dice: There are Polar Bears outside!
     Con las mallas y varias capas de forros polares y cortavientos encima de la camiseta salimos a Proa cámara en mano. Lo que vemos es tan bello y a la vez tan triste... Una mamá oso con sus dos oseznos recorre una de las placas de hielo. Estamos a 77.5 grados Norte, al este de las Svalbards, y la placa está bastante debilitada; se ven en ella los charcos propios del deshielo, y la madre se asegura de que no sean los oseznos los que se cuelan por algún agujero de la placa al mar. En varias ocasiones sus patas atraviesan el fino hielo, ella se desploma y enseguida se vuelve a incorporar haciendo a sus crías cambiar el camino hacia otro más seguro. Aquí, en una placa en medio de la nada ¿no estarán esas crías condenadas a morir? ¿cuánto tendrán que recorrer nadando, o con suerte saltando entre placa y placa, para llegar a un lugar seguro que no esté desapareciendo tan rápido y en el que puedan tener un soporte más robusto y, con mucha suerte, la madre pueda conseguir algo de alimento para ellas?
En fin, son preciosas, da gusto ver a las dos pequeñajas seguir los pasos de su mamá y esconderse tras sus patas. Seguirla obedientes allá donde ella va y esperarla pacientes cuando se aventura a comprobar la estabilidad de la placa. Nos miran, pero les da igual, ellas sólo buscan su camino hacía un lugar seguro. Desde el barco les deseamos mucha suerte y esperamos que su instinto de supervivencia les haga resistir esta situación de la que otra especie, la nuestra, es bastante culpable.
Su presencia, su belleza, su inteligencia, nos maravilla a metros de distancia. Ojalá esas crías sean capaces de ver como el hombre arregla el desastre que compromete su supervivencia. De otra manera, sin ellas, el mundo dejaría de ser tan impresionante, tan bello.
No sentimos el intenso frío, tres grados bajo cero y viento soplando con fuerza del norte, procedente de la zona de hielo “permanente”. Observar las pequeñas maravillas de la naturaleza nos ha mantenido ajenas al sentimiento de frío, pero está dentro de nuestros cuerpos y mantiene casi inmóviles nuestras manos. Nada mejor para volver a entrar en calor que regresar un rato al gimnasio, disfrutar de una ducha calentita (la última de las próximas 30 horas) y ¡a comer!
Antes del gimnasio no estaba de muy buen ánimo, el deporte y la visita de los osos, su belleza y vulnerabilidad me hacen relativizar y entonces me siento feliz de lo que tengo, lo que hago y lo que siento.
La tarde comienza con una reunión tras la que una vez más tendremos que replantearnos cómo organizarnos, cuándo intercalar los experimentos con las estaciones. Pues las dos primeras grandes estaciones van a estar muy seguidas...
Instalamos una “alfombra” de plástico blanca en el laboratorio para que Inés, agitando winklers, no tiña el suelo de amarillo y me pongo a escribir todo lo que no había redactado antes de los días transcurridos ya en esta aventura.
Ahora ya es después de cenar, he estado ideando un nuevo sistema para sujetar las redes sobre los baños de temperatura y simular la luz que hay a cinco metros de profundidad, pues pegadas con cinta aislante estaban siempre a punto de salir volando. Ahora con sus extremos atados con cuerdas lucen más bonitas, cumplen mejor su función y no tenemos riesgo de perderlas. Eso sí, hace ya varía horas de este efímero paso por cubierta para instalarlas y aún no me he repuesto del frío. Es tan intenso que corta la respiración, inmoviliza las manos a pesar de las dos capas de guantes y llega hasta tan adentro que parece imposible conseguir que vuelva a salir. Con los músculos contraídos y la nariz más que colorada sigo después de una rica cena (noodles con gambas gigantes y ajo, creo que en nuestro honor o quizá porque quería el cocinero echarles algo exótico) y un té calentito.
Nos hemos vuelto a reunir con Marit para plantearle si sería posible que mañana pudiéramos disponer también de agua de superficie para nuestro experimento al mismo tiempo de la estación prevista para las 7:30. No ha sido del todo fácil ajustar los horarios a nuestra petición, pero le ha parecido genial la idea de que cojamos agua a la vez para poder comparar resultados y finalmente tendremos que estar listas para trabajar a las 6:30 de la mañana. Lo peor de todo es que es por amor al arte... bueno, ¡a la ciencia!
En realidad para aprovechar a hacer algún otro experimento ahora que estamos en agua Ártica que sino, si esperamos más tiempo, igual ya estamos en alguna estación en la que el agua vuelva a ser Atlántica y no queremos perder esta oportunidad. Así que, casi por propia voluntad, hemos añadido varias horas de trabajo a nuestra ya completita jornada de mañana.
Por hoy aún no hemos terminado, a las 23:30 nos espera el muestreo del CTD de diferentes profundidades para Amanda.
Mientras hacemos tiempo en la Instrumental room tratando de conectarnos a internet. Aunque enseguida nos bajaremos a preparar lo que necesitamos para poder llevar a cabo mañana el siguiente experimento de temperaturas. Parece que comienza el nopararniparadormir.